20 de noviembre 2013 - 00:16

La despedida del preferido de la tropa K

Con la renuncia de Moreno, de los Cinco Fantásticos del equipo económico, desde ayer quedan dos:  Cristina sólo preserva a Axel Kicillof y a Ricardo Echegaray, titular de la AFIP.
Con la renuncia de Moreno, de los Cinco Fantásticos del equipo económico, desde ayer quedan dos: Cristina sólo preserva a Axel Kicillof y a Ricardo Echegaray, titular de la AFIP.
Guillermo Moreno se consideró renunciado el lunes al enterarse, minutos antes del anuncio oficial, que Cristina de Kirchner bendijo a Axel Kicillof como ministro de Economía.

La última luz se esfumó ayer. Por boca de un funcionario, supo que Kicillof no sugirió su renuncia, pero pidió vía libre para intervenir en el INDEC y en las áreas de su influencia.

Desde la tarde que lo manoteó de las solapas y lo trató de "pendejo", Moreno despreció a Kicillof. Nunca lo respetó por considerarlo un teórico. Por eso, tradujo el ascenso del economista, amigo de Máximo Kirchner y "técnico" de La Cámpora, como un fallo cristinista en su contra.

Ayer Moreno puso su renuncia a disposición. La Presidente no se esforzó por retenerlo. Al atardecer, el guardián del modelo K dejó de formar parte del Gobierno y la mística kirchnerista, sobre todo la juvenil, perdió a su último mártir, a excepción de la propia Cristina de Kirchner.

Romanticismo

La avanzada cuerpo presente contra Clarín -su icónica frase "casco o guante"-, la impronta de cruzado solitario anticorporaciones y un velo de impoluto sin glamour le valieron la adoración de la militancia K. Ningún caciquejo de La Cámpora, ningún ministro fascinó, como Moreno, a la tropa kirchnerista.

En una fábula perfecta, la veneración del kirchnerismo romántico fue proporcional a la ferocidad con que lo objetó la oposición, en todas sus versiones. Moreno se vanaglorió de esa demonización porque fue la vitamina de su lealtad extrema.

El universo anti-K lapidó a Moreno como a un hereje y buena parte del Gobierno lo inculpó por varios de los males de la economía. René Girard podría incorporar a sus teorías sobre el chivo expiatorio el caso Moreno.

Nada es tan fácil. Los males atribuidos a Moreno no terminan con Moreno ni vuelan con él, rumbo a Roma.

Peso

A un amigo, ayer le confesó que estaba cansado y que había comenzado a sentirse más un peso que una solución para la Presidente. El ascenso de Kicillof y la entronización con plenos poderes de Jorge Capitanich, una figura que no será inocua en materia económica, epilogaron su salida.

Así como la Presidente repatrió al chaqueño para que ejerza como gerente de su Gobierno, en el frente económico reducir las usinas: de los Cinco Fantásticos -Moreno, Kicillof, Hernán Lorenzino, Mercedes Marcó del Pont y Ricardo Echegaray- sólo quedan dos, aunque incorporó a Capitanich y, se presume, mantendrá a Amado Boudou como una fuente de consulta.

Fue al vice, la noche previa a la internación, que Máximo Kirchner le pidió, casi como una súplica que se encargue de la Economía.

Sin Moreno, el equipo económico se queda sin su integrante más explosivo y complejo. En eso, Cristina de Kirchner también parece apostar a un principio de normalidad.

Como pequeña gestualidad política, la mandataria permitió el protocolo de la renuncia, delicadeza que no tuvo con ninguno de los otros removidos. Atendió, además, los dos pedidos del secretario: unos días de plus -sigue en funciones hasta el 2 de diciembre- para ordenar su salida y un destino en el exterior. "Sacame del país" cuentan que le dijo a Cristina.

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