11 de abril 2022 - 00:00

La Fed corre el arco, una vez más. La Bolsa es un cántaro que resiste

La Fed tiene prisa. Las minutas de la reunión de marzo revelan que después de la guerra de Ucrania y el shock de la energía ya no quedan palomas en el banco central. Y admite que corre de atrás. Digámoslo así: está incómoda en una posición -con la tasa corta en 0,50%- cuando debería merodear el vecindario de 2,50%, y le urge cerrar la brecha cuanto antes, sí o sí. Es un error, y una emergencia. Adiós al paso a paso. El aviso a los navegantes es alistarse para aumentos de tasa de medio punto para la próxima reunión (y todas las que hagan falta hasta llegar a la “neutralidad”) y prepararse además, como si fuera poco, para una reducción del balance que será (casi) dos veces más rápida que la que el mismo Powell condujo en la normalización pos Lehman. A régimen pleno, la liquidez mermará 1,14 billones de dólares por año.

¿Se entendió? Sí. El mercado de bonos es una “carnicería”, Jim Bianco dixit, y la inversión de la curva de rendimientos -la comidilla de las semanas previas- desapareció como por arte de magia. Nunca se invirtió el par del bono de diez años con la letra de tres meses -la prueba ácida- pero la tasa de dos años superaba en 4/6 puntos base al bono de diez años antes que irrumpiera la reducción inminente de la hoja de balance. La curva tomó nota. Ajustó nivel y pendiente. Todas sus tasas treparon un escalón, y se empinó en el acto. Entre diez y dos años se levanta una pared vertical de 19 puntos base. ¿Cómo interpretarlo? Si la inversión era la señal de recesión, ¿hay que festejar que su amenaza se borró de un plumazo? No, y nadie celebra, reina una mayor preocupación. La Bolsa, que creyó en la buena ventura cuando el mundo corría a encerrarse en marzo de 2020, acusó un disgusto notable. Por enésima vez, justo se aprestaba a descorchar el champán por los próximos balances, la Fed le corre el arco con nuevas exigencias. La economía luce más sólida que lo que podía pensarse en enero cuando delta y ómicron eran una inquietud y la comunicación del banco central estrenaba su prueba de estrés, pero el futuro es una isla en un mar de peligros. A la Fed no le basta con izar las tasas cortas, necesita -como Alan Greenspan con el famoso enigma (“conumdrum”) a mitad de los 2000- que las tasas largas suban y apacigüen el boom inmobiliario -el índice Case Shiller denota aumentos de 19% en los precios de la vivienda- y de los bienes durables de consumo. El mensaje: se avanzará rápido en todos los frentes. La economía debe bajar un cambio (o dos). Sigue bajo amenaza.

Aterrizaje

Cuánto más rápido (aumenten las tasas) será mejor para el aterrizaje suave, dice Jim Bullard, el primer adelantado del turbión monetario. La Fed corre detrás de la inflación, pero, ¿cuán rezagada? Bullard tiene dos respuestas. Muchísimo, y no tanto. Si se usa la regla de Taylor -archivada dos décadas atrás- la Fed con la tasa corta en 0,50% y la inflación rampante perdió el tren. Si se computan la mayor credibilidad de los bancos centrales (que en el siglo pasado) y el efecto de la comunicación (“forward guidance”) media un atraso menor que, al nuevo tranco, recién se podrá recuperar hacia fin de año. La Fed subió sus tasas solo un cuarto de punto, pero los mercados anticiparon su tarea. Desde octubre, la tasa de dos años escaló más de 210 puntos base. La tasa de las hipotecas fijas a 30 años, otro tanto, y orilla 5%. Los precios suben, pero ya los préstamos merman. ¿Qué se busca? Que la inflación hocique rápido, antes que suelten amarras las expectativas y sea un aquelarre. Es menester, para ello, desacelerar la demanda agregada. ¿Alcanzará? Bill Dudley, ex Fed, juzga que una contracción es inevitable y que “si las acciones no caen, la Fed debe forzarlas”. No es necesario ni lo uno ni lo otro, aunque sean posibles. ¿Del “put” de la Fed a un “short” adrede? Así, la Bolsa tiene techo (con una política monetaria que aprovecha su fortaleza para afilar más el bisturí), pero no tiene piso. Como se advierte, el aterrizaje suave será un viaje brusco y azaroso. Las tasas pueden subir más de lo debido hasta causar estragos si la inflación no se notifica. Y entonces, para no estrellarse habrá que recortarlas, también de apuro. Wall Street es un cántaro que resiste a sabiendas de que tendrá que ir varias veces a la fuente.