Después de una década de ausencia, la nueva exposición del artista en el espacio de Victoria Colmegna revela una sensibilidad diferente.
Barilaro. Algunas de las nuevas obras del artistas son deudoras de una estética y una dinámica cinematográficas, como la que se ilustra en esta foto.
La semana pasada y luego de casi una década de ausencia, Javier Barilaro regresó para mostrar sus pinturas. Cuando a fines de los 90 apareció en la escena del arte, Barilaro acaparó la mayor visibilidad con sus pinturas, deudoras de la estética bullanguera de los carteles de las bailantas. En las obras actuales, sin embargo, apenas si queda el rastro de esos desbordes. Barilaro ganó fama con la estrategia de choque de los carteles publicitarios. Sus sólidos conocimientos se remontan a la época de los carteles rusos y los de Toulouse Lautrec. Así utilizó el collage y la tipografía rudimentaria de las bailantas de cumbia y pintó en clave popular horizontes encendidos por el sol, palmeras y cuerpos sensuales de mulatos, loros en la jungla y, con colores flúo, escribió mensajes como "¡Guerra a la monotonía!", "El deseo" o "Que no nos falte el verano".
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Junto con Fernanda Laguna y Washington Cucurto fundó la editorial Eloísa Cartonera durante la crisis de 2001. Las portadas de los libros de cartón estaban pintadas a mano por cartoneros instruidos por Barilaro y llevan todavía su cuño. No obstante, cuando el proyecto creció y se extendió por Latinoamérica, lo abandonó. Hay en las nuevas pinturas rasgos todavía reconocibles del pasado, pero los colores radiantes y excesivos de esos años han desaparecido.
Por su parte, la artista Victoria Colmegna, luego de un exitoso debut como galerista, presentó en un piso del edificio Kavanagh unas pinturas blancas, otras con los tonos barrosos provenientes del tiempo de retiro que Barilaro vivió en el Tigre. Hace un mes, en un local vacío del edificio Kavanagh, Colmegna le dio a las muestras de Sergio de Loof y Fabi Al Mundy el impulso de una performance. Ahora recorrió el Delta y rescató un artista escapado del circuito.
Barilaro había expresado en su última muestra de 2009 un genuino delirio tropical y anunció su intención de filmar una película: "El beso paraguayo". En la actualidad, cuenta que el film es un proyecto inconcluso, pero el clima cinematográfico se ha colado en sus obras. Hay una pintura quieta, pero flotando sobre un paisaje casi abstracto donde se divisa una pareja, donde se lee LA SENSACIÓN. El texto parece un titular que se desplaza por la pantalla al comienzo o el final de una película. Barilaro ha vuelto a diseñar portadas, esta vez para la editorial Mansalva.
Los Aborígenes de Grete Stern
No es la primera vez que se exhibe la serie de fotografías que, entre 1958 y 1964, le dedicó Grete Stern a los "Aborígenes del Gran Chaco". No obstante, en la muestra que presenta el Museo de Arte Popular José Hernández, hasta el espectador prevenido y el que conoce la obra disfruta de una selección que invita a redescubrir la belleza y la dignidad de lo propio. La colección de imágenes de Stern, fotógrafa alemana nacida en Wuppertal que conoció a Coppola en la escuela Bauhaus, se casó con él y se instaló en Buenos Aires, fue elegida por el curador Luis Príamo y forma parte de la colección Matteo Goretti. Las 250 fotografías expuestas por primera vez en 1965, se publicaron en un libro editado por la fundaciones CEPPA y Antorchas. Allí figura el mapa diseñado por la propia Stern del recorrido que a sus 60 años, sola, sin vehículo propio y sin conocer el lugar, realizó desde Resistencia, Chaco, hasta Tartagal, en Salta, atravesando toda Formosa.
"La gira de Stern se realizó con el apoyo del Fondo Nacional de las Artes y estuvo dedicada a retratar rostros, artesanías y a mostrar el hábitat", señaló Príamo durante una visita guiada por la muestra del José Hernández. "Esas 250 imágenes que Stern entregó al Fondo de las Artes desaparecieron", agregó el curador.
Príamo destaca la importancia que la fotógrafa le otorgó a esta serie, motivo frecuente de sus charlas con diapositivas. El mercado de la fotografía, tal como hoy se lo conoce, recién surgió en las últimas décadas del siglo XX. "Cuando llegaron desde EE.UU. para programar una muestra, lo primero que Grete Stern les mostró fueron los aborígenes", observó Príamo
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