1 de noviembre 2021 - 00:00

Los mercados globales van tras el control de la política monetaria

¿Es tiempo de taper? Parece que sí, pero no sería el momento oportuno para subir las tasas de interés.

Wall Street se afianza. Primero, el índice S&P500 batió nuevos récords. Lo siguió el Dow Jones. Y esta semana se sumó el Nasdaq. Cartón lleno. Que Apple y Amazon tropezaran con la babel de los suministros, uno, y los costos operativos crecientes, el otro, se juzgó un problema idiosincrático y no sistémico. Starbucks, otro magullado, cayó el 6,3% pero no arrastró a nadie. El paso de los toros retumba aunque quien falla en los deberes se retrase. No obstante, en una semana que pasó de todo lo que hizo la Bolsa fue lo menos interesante. La acción se concentró en la curva de bonos. ¿Subieron las tasas largas cuando la inflación preferida de la Fed se hinchó 4,4% interanual, lo que nunca en 13 años? No. ¿Bajaron al saberse que el PBI del tercer trimestre creció 2% (se esperaba 7% cuando el trimestre echó a rodar) sin venderse, quedó íntegro en inventarios? Tampoco. A pesar de poner un pie fugaz sobre 1,7% y clavar la espina de una duda existencial (también fugaz) las tasas largas no son el centro de atención. Hay una revolución en la curva de rendimientos, pero el campo de batalla es el tramo frontal: en el tenor de los dos años no se toman prisioneros. El fenómeno es global. Que lo diga el Banco de la Reserva de Australia que sufrió un imprevisto Gallipoli, y deberá rendir sus banderas pronto.

¿Rebelión en la granja? Más bien, en la cátedra. Los mercados -el populacho- le quiere imponer a la banca central una corrección del rumbo de la política monetaria. No es un berrinche de las tasas largas, esto no es el “taper tantrum” de Bernanke de 2013, reeditado. Bulle el tramo corto de la curva, el más corto que puede desafiar la influencia directa de la banca central, y asentar un reclamo independiente. Con buenos o malos modales. Da igual. Se puede ser Canadá o Australia. En Ottawa, la tasa de 2 años arrancó octubre en 0,40% y se disparó a 1,07%. Se creía que el Banco de Canadá volvería a reducir el taper -pasando de comprar 2 mil millones de dólares canadienses de bonos por semana, a la mitad- pero la institución prefirió terminarlo. Se inclinó para donde sopla el viento. Mejor sorprender que ser sorprendido. El próximo paso es izar las tasas (en línea con el mensaje implícito en los rindes de 2 años), tres o cuatro retoques en 2022, y desde temprano. En Canberra, la historia es la misma pero en versión cruenta. El banco central allí adoptó una estrategia de control de la curva de rendimiento, y el ascenso de las tasas cortas, entonces, es una sublevación formal. El bono a Abril 2024 tiene un techo oficial de 0,10%, la entidad lo defendió el 22 de octubre y dijo que la ofensiva era un bluff, pero el cielorraso colapsó con las autoridades haciendo mutis por el foro. Hoy el papel rinde 0,67% y el bluff es el enunciado de la política monetaria. Urge reparar la credibilidad, y no se hará sin incorporar, aunque sea en parte, las expectativas de tracto abreviado en materia de suba de tasas. Presiones suaves, pero de idéntica naturaleza, sufrió el BCE en su reunión del último jueves. Lagarde usó su cintura política para la distracción pero con la inflación de la eurozona en 4,1% comenzó una pulseada. Y en EE.UU. no es distinto. La tasa de 2 años se duplicó el último mes al 0,50%. Los futuros descuentan más subas de tasa, y más rápido, que lo que admite la Fed. La inflación en exceso aprieta más que el crecimiento en defecto, y los mercados se impacientan. La palabra de la banca central -su forward guidance- está en la picota.

“Es tiempo de taper”, dijo Jay Powell. Se anunciará el miércoles, el timing es impecable. Pero,” no es tiempo de subir las tasas”. ¿Querrán torearlo los mercados? Todavía no. El fin del taper sería en junio 2022, y esa es la fecha que los futuros consideran más probable (75%) para el izamiento inicial. ¿Wall Street no se resiente? No. Las tasas largas, tampoco. Se empinan las tasas cortas, bajan o se moderan las largas, la curva preserva una pendiente positiva aunque se aplana. ¿Cómo leerlo? Bastará con apretar un poco las clavijas para devolver la inflación a su corral sin afectar un crecimiento que hoy se tapona con los cuellos de botella. Esto es más amigable que el estímulo ilimitado porque le pone candado al riesgo de precios, a bajísimo costo. Razones para que la banca central piense diferente sobran, pero nada justificaría un Waterloo. Tendrán que presentar mejor su caso, o seguir la corriente, para no ceder el timón. La inflación que sigue la FED amaina en el margen, no será misión imposible.