5 de octubre 2009 - 00:00

Los tacos altos, sólo para los escenarios

Con Fito Páez, uno de los tantos artistas con los que cantó. Al lado, con Raúl Alfonsín (el político que ella más amó), y Fredy Storani; y con Luciano Pavarotti, en el histórico recital conjunto en Boca Juniors durante los años 90.
Con Fito Páez, uno de los tantos artistas con los que cantó. Al lado, con Raúl Alfonsín (el político que ella más amó), y Fredy Storani; y con Luciano Pavarotti, en el histórico recital conjunto en Boca Juniors durante los años 90.
Corría octubre de 1964 cuando una ignota y delgada Mercedes Sosa se presentó en la peña El Alero, ubicada en la segunda cuadra de la calle San Martín, de la ciudad de Córdoba. La acompañaba en guitarra -ella batía un bombo legüero- su esposo Oscar Matus, compositor de la mayoría de sus canciones, que tenían letras de poetas de fuste, como Armando Tejada Gómez y Tito Francia, integrantes, al igual que el matrimonio, del Movimiento del Nuevo Cancionero, que había surgido pocos años antes en Mendoza, donde todos estaban radicados.

Cuentapropistas

Una docena de las canciones que interpretaba quien con los años sería la «Negra» estaba reunida en un LP del sello El Grillo, llamado «Canciones con fundamento», que ellos mismos vendían en sus actuaciones. Estuvimos en El Alero la noche de la presentación que culminó con la aclamación del público reunido en el local de regulares dimensiones, tirando a chico.

Al día siguiente, la volvimos a encontrar. Esta vez fue en la plaza Colón, de la misma ciudad. Allí la estaban filmando y grabando, con un auricón, para un programa que se emitía los domingos al mediodía por el canal 12 de la capital mediterránea. Tuvimos oportunidad de conversar con ella y con Matus, y así nos enteramos de que en Buenos Aires actuaban en La Tribu, del Tata Farías Gómez.

Pasó el tiempo, llegó Cosquín, la consagración y la fama. Todo eso ya es otra historia. Pero queda aún otro antiguo episodio que conocimos años después. Mercedes sólo se colocaba zapatos de taco alto en el momento de actuar. Eso lo habíamos observado aquella vez en la plaza Colón. En Mendoza nos contaron que cuando la tucumana vivía en esa ciudad solía ir a cabalgar por el parque San Martín, y allí un día que se tendió a descansar o a leer algún libro, sujetas las riendas del caballo a uno de sus tobillos, costumbre habitual en gente de tierra adentro. En un momento, el animal la arrastró y le lesionó el tobillo. Ese habría sido el origen de sus dificultades con el calzado.

Dejá tu comentario