4 de enero 2011 - 00:00

Lula deja una agenda pendiente con gremios

Luiz Inácio Lula da Silva
Luiz Inácio Lula da Silva
San Pablo - El ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, un carismático líder sindical de los años 80, dejó el sábado el Gobierno después de ocho años, con una serie de reivindicaciones pendientes con las centrales obreras, su catapulta política para los dos mandatos en los que gozó de un alto índice de popularidad y en los que el «gigante sudamericano» enfrentó y salió airoso ante las crisis, además de mejorar su posicionamiento en el nuevo mapa político internacional.

La reducción de la jornada laboral, de ocho a seis horas diarias para abrir nuevos puestos de trabajo y el aumento considerable del salario mínimo fueron los principales asuntos abordados por las centrales sindicales durante sus encuentros con el Gobierno de Lula. Otro de los temas que nunca faltaron en el embate de los sindicatos fue el de la reducción de la tasa básica de impuestos, pero a pesar de que esas peticiones no fueron atendidas en plenitud, Lula gozó del apoyo de los gremios, encabezados por la Central Única de los Trabajadores (CUT) -de la que fue presidente- y la Fuerza Sindical.

El sabor dulce para los sindicatos dejado por Lula fue el de la formalización y creación de nuevos puestos de trabajo, calculados en 15 millones desde que asumió en 2003 para su primer mandato.

Su sucesora, la actual presidenta Dilma Rousseff, que contó con todo el respaldo de Lula para su candidatura y también con el respaldo de los sindicatos, tendrá la difícil tarea de mantener unidas en su entorno a las centrales obreras y cumplir las promesas de Lula en materia de reducción de las horas de trabajo y del aumento del salario.

En el último día de 2010, el Gobierno publicó en el Diario Oficial de la Unión la Medida Provisoria que fija en 2011 el salario mínimo en 540 reales (unos 337,5 dólares), cifra que representa un aumento del 5,88%, que tendrá un impacto anual en la carga de previsión social de 7.490 millones de reales (unos 4.681 millones de dólares). El aumento tuvo en cuenta la variación negativa del 0,2% del Producto Bruto Interno (PBI) en 2009 y no la del bienio 2008-2009, como proponía el senador oficialista Tiao Viana. Con la propuesta del legislador, el salario mínimo mensual sería de 550 reales (unos 343,75 dólares), diferente de los 580 reales (unos 362,5 dólares) pedidos por las centrales para el reajuste salarial.

El último ministro de Trabajo de Lula, Carlos Lupi, que fue ratificado en el cargo por Rousseff, tiene como principal propuesta que los recursos no utilizados en el programa de Seguro Desempleo sean utilizados en la capacitación técnica y profesional de los trabajadores, pues los estudios señalan una falta de mano de obra calificada en varios sectores de la industria.

«Yo ya tengo programas para ser desarrollados. Voy a sugerir que todos los recursos del abono y del seguro de desempleo que no sean utilizados por los trabajadores sean direccionados a la capacitación profesional. Ésa será mi prioridad», indicó Lupi.

La propuesta, sin embargo, deberá ser «negociada» en el Congreso, según apuntó el ministro, quien fundamentó la iniciativa en el modelo aplicado en Italia, donde los desempleados que reciben subsidios deben realizar cursos de capacitación profesional para volver mejor calificados al mercado laboral.

La meta de Lupi es que el Gobierno de Rousseff, en su primer año, genere tres millones de nuevos puestos de trabajo formales y ese número pueda crecer en los años posteriores.

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