30 de abril 2010 - 00:00

Lunas de miel por los destinos más exóticos y remotos

Los hábitos cambiaron. Los matrimonios jóvenes prefieren hoy pasar su luna de miel en lugares que hasta hace poco tiempo no estaban en la consideración de la mayoría. Las agencias se adaptan a las nuevas tendencias del mercado y cada vez tienen menos margen para el error en la organización de los viajes. Precios, opciones, la opinión de los involucrados y estrategias insólitas que utilizan las agencias para salir a la caza de los «honeymooners», en este informe.

Lunas de miel por los destinos más exóticos y remotos
Programar un viaje cualquiera no demanda gran complejidad. Con un buen asesoramiento, ganas de explorar la web y algo de folletería, cualquiera puede embarcarse en busca de su viaje «perfecto». Si algo sale mal, generalmente se soluciona sobre la marcha.

Pero pensar en un viaje de luna de miel es distinto. No hay margen para el error; la organización debe ser impecable. «Los novios llegan a la fecha del viaje después de varios meses extenuantes: pensar en la organización de la boda, la despedida de soltero, el Registro Civil, la iglesia, la fiesta. Cada detalle del casamiento es complejo. Además implica tiempo, dedicación y ni hablar del dinero invertido, porque una cosa es lo que proyectás gastar y otra muy distinta es el costo real. La pareja sufre generalmente un estado de estrés y se relaja recién en su luna de miel», analiza Julia Etchebehere, una joven recién regresada de México, tras recorrer varios destinos de ese país con su flamante marido, Javier. «La luna de miel tiene que ser perfecta. El viaje es de relax y placer. Si así lo entienden las agencias y los proveedores de servicios, buenísimo. De lo contrario, ¡está todo mal!». Más allá de la risa que le provoca su propio comentario, las palabras de Julia encuentran eco en cientos de novios que ven en la luna de miel el epílogo de un proyecto que se inicia con la propuesta de matrimonio y termina tiempo después en algún aeropuerto, de regreso de un viaje que se pretende recordar para toda la vida como algo único e irrepetible.

«Brendan y Melanie, ¿aceptan mirar el atardecer desde los acantilados de Moor, explorar los rincones más recónditos, recorrer el mundo en busca del destino de luna de miel perfecto y luego compartir sus experiencias?» «Sí, aceptamos». Éstos son fragmentos del video que una pareja envió a la agencia de turismo irlandesa Runaway Bride and Groom, empresa a la que no se le ocurrió mejor idea que convocar a novios de todo el mundo para ofrecerles el mejor trabajo jamás imaginado: ser «testeadores» de luna de miel.

Viaje «all inclusive»

El único requisito: estar casados y enviar un video de presentación de 90 segundos de duración. La pareja más votada por los usuarios del sitio en internet tendrá la posibilidad de disfrutar de un viaje pago de seis meses, que incluye visitas a los lugares más románticos y exóticos en varios países como Maldivia, Tailandia y Zanzibar. No sólo eso: recibirá la módica suma de 20.000 euros por el paseo y por narrar en un blog sus experiencias, críticas y reseñas de lugares, hoteles y gastronomía. Ya hay varios videos en el sitio de la agencia (algunos muy creativos) que se pueden ver y votar.

Pero no sólo en Irlanda recurren a la imaginación y a la creatividad para captar la atención de los «mieleros». En la Argentina, cada vez es más usual que las agencias concentren toda la oferta de este segmento de viajes: pasajes, traslados, alojamiento, actividades, servicios, e inclusive un listado de regalos para los novios (ver infografía), que varían desde un día de trekking en Tailandia por 400 pesos, hasta una visita a los templos de Angkor Wat (Camboya) por $ 300, una sesión de masajes thai en Phi Phi Island por $ 100, un almuerzo con monjes budistas en Hué por $ 420, un vuelo internacional por $ 6.200, una noche y dos días a bordo de un hermoso barco en la bahía de Halong por $ 800 hasta un paseo con alojamiento en primera clase del Hanoi-Huéun, un tren nocturno vietnamita, por $ 330, siempre por persona.

«Nuestra idea responde a un cambio en el perfil del viajero. Los honeymooners de hoy son activos, intrépidos y muy informados a la hora de viajar. Llegan a nuestra oficina con sus guías de viaje y sus mapas a hacer preguntas específicas y a diseñar el recorrido. Quieren tener enfrente a alguien que sepa dónde están los países que les interesan y que pueda responder a sus preguntas. Por esto no han comprado su luna de miel en una de las grandes tiendas o en agencias menos preparadas», aclara Bárbara Thayer, directora de Mandala Viajes, la única agencia chilena especializada en destinos remotos, con sede en ese país, pero también con centro de operaciones en la Argentina. «Hubo una pareja de argentinos que incluso nos impulsó a inventar un sistema para que los invitados pudieran regalarles parte del viaje ¡y funcionó!; se fueron totalmente financiados a recorrer Asia por dos meses con nuestra asesoría y su ingenio», agrega Bárbara, quien además es periodista de profesión y viajera por elección. Ha escrito crónicas para diarios y revistas en Chile, México y España, y trabajó en el programa de viajes «La Ruta de Oriente» de TVN.

«Te puedo asegurar que la luna de miel clásica, en que la pareja se va a un hotel, en una playa no importa mucho dónde, a tener un primer encuentro íntimo, alejada del mundanal ruido, es cada vez más escasa», sentencia Thayer.

Es cierto que los clásicos nunca pasan de moda. Destinos como Punta Cana, Cuba, Hawái, Buzios, Río de Janeiro, Miami, París, Costa Azul, varios mexicanos con Acapulco y Cancún a la cabeza, y en la Argentina la Patagonia e Iguazú, sólo por mencionar algunos ejemplos, siempre van a estar en la consideración de muchos. Pero en los últimos años, los viajeros, sobre todo el segmento ABC1, han descubierto que es posible conocer lugares más exóticos y remotos.

El «turismo reciclado»

Con mayor presupuesto, empezaron a optar cada vez menos por circuitos tradicionales. Un caso típico es el del turismo aventura: el Desierto de Atacama (Chile), el Salar de Uyuni (Potosí), el Machu Picchu (Perú), el Amazonas (Brasil) o propuestas locales de alta montaña, paseos por bosques milenarios, kayak en ríos de aguas blancas o escaladas sobre los hielos de los glaciares del Sur empezaron a ceder terreno ante el avance arrollador de destinos más recónditos: recorridos por parques en Kenia y Tanzania; safaris por selvas sudafricanas, buceo con delfines en aguas cristalinas de la isla Mauricio, etcétera. Aquellos que jamás resignan el sol y el mar cambiaron los all inclusive de Punta Cana y Cancún por las paradisíacas playas de la isla Praslin, en Tailandia, la tranquilidad de Ko Lanta o, más cerca, el cayo Ambergris, en Belice.

Y hay para todos, hasta los que priorizan experiencias más movilizadoras y espirituales tienen sus alternativas, como compartir momentos de vida mano a mano con tribus locales en Uganda y Tanzania.

«Muchos argentinos combinan safaris por Tanzania, Kenia, Botswana o Sudáfrica con estadías en las islas de Zanzíbar o Mauricio. También tiene mucho éxito un recorrido por el sudeste de Asia que termina en una playa tailandesa como Ko Samui, Ko Lanta o Ko Phi Phi. El África negra y el sudeste de Asia tienen esa gracia: hay una mixtura de cultura, aventura y playas románticas».

Pero también es posible vivir experiencias similares por unos cuántos dólares menos. Por ejemplo, embarcarse en un Overland en camiones 4x4, compartir con grupos, acampar en parques nacionales y participar en campamentos ubicados en los lugares más inhóspitos del planeta. Hoy la carpa y la luna de miel ya no son incompatibles para la mayoría de los jóvenes.

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