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Maquillaje se sigue cobrando víctimas (hasta funcionarios)
Del otro lado del Atlántico, Ronald Reagan emprendía una nueva escalada armamentista bajo la prédica de luchar contra el «imperio del mal» y le pedía a la CIA que evaluara escenarios probables ante un conflicto bélico con la URSS. Los jerarcas de la CIA sabían que las estadísticas soviéticas no eran confiables. Sin embargo, temían que si no las usaban los escenarios proyectados podrían dar lugar a un recorte del presupuesto que, en caso de estallar un conflicto armado, sería insuficiente para llevar a cabo operaciones de inteligencia.
Al recibir el informe, Andrópov interrogó a sus técnicos sobre cuán fiel eran los números y de qué fuente provenían, a lo que le contestaron con firmeza, sabiendo que sus vidas estaban en juego, que confiara porque habían tomado las de la CIA.
La anécdota viene a cuento a raíz de un documento interno que circuló por el Palacio de Hacienda. En ese documento un secretario de Estado recomienda a pie de página a sus colaboradores que «no utilicen los datos del INDEC porque no son confiables, mejor usen los de las principales consultoras».
Esto no es más que una muestra cabal que el pandemonium estadístico oficial no diferencia víctimas, y conspira con la toma de decisiones. Pocos saben dónde están parados.
Esto motivó días atrás la diáspora de algunos economistas del relevamiento de proyecciones del Banco Central, conocido como REM, justificada por la baja confiabilidad de los datos del INDEC.
A esta altura el autoengaño estadístico del INDEC fue pan para ayer y ya es el hambre de hoy. A las empresas se les complica desde la elaboración de los presupuestos hasta la evaluación de futuras inversiones. El mismo inconveniente enfrentan los consultores, pese a que algunos recurren a sus propias estimaciones de precios y actividad, pero reconociendo un nivel de error estadístico considerable.
Fuentes oficiales comentan que el matrimonio presidencial solicitó, al estilo Andrópov, un informe de situación de cómo estaba la economía en realidad frente a la crisis global. Las fuentes consultadas por este diario desconocen aún si les pudieron cumplir.
Lo cierto es que el maquillaje de los datos económicos, más allá del que involucra a los índices de precios, parece haber implosionado con los últimos datos del crecimiento económico.
«Ni Domingo Cavallo, a quien toda la profesión (de economistas) le reconoce un magistral arte a la hora de tocar los números, fue tan burdo como lo que están haciendo las huestes de Moreno», comentó uno de los principales consultores locales.
Se refería al dato del PBI del cuarto trimestre de 2008. Según explican en el mercado, vino la orden de la Casa Rosada de que 2008 tenía que cerrar con un crecimiento del 7%, por ende el cuarto trimestre no podía mostrar una fuerte caída (sólo dio
-0,3%, cuando para los privados fue mucho mayor como lo refleja la sensación térmica de los consumidores). Para cumplir la directiva, fue preciso más que un milagro. Un grosero aumento de los inventarios fue el artilugio utilizado. Esto porque según el INDEC la acumulación de stock, que explicaría por qué no cayó tanto el PBI, fue de
$ 8.000 millones cuando la variación de existencias osciló entre -$ 4.000 y +$ 4.500 millones en promedio en los últimos diez años. Esto aportó 10 puntos porcentuales a la variación anualizada del PBI y permitió que el año cerrara como quería el Gobierno. Argentinos, a los números. ¿Pero cuáles?


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