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Proclama Solá a De Narváez y ahora desata puja entre damas
Mauricio Macri
El momento exacto del show dependerá del precio -o sobreprecio- con que Solá cotice la cesión de la pole position del peronismo anti-K a De Narváez. Así y todo, salvo un imprevisto, el anuncio no pasará del fin de semana. De inmediato, la TV se inundará de spots.
Al despejar el intríngulis del primer casillero de la boleta, el ensamble Macri-De Narváez-Solá supera un escollo pero se zambullirá en un festival de disputas. El rol de Felipe, la marca electoral, y el reparto de listas serán factores de tensión en las próximas horas.
Es más: antes de que Solá clausure su pretensión de encabezar la batalla contra Kirchner en Buenos Aires -ya lo hizo pero falta el paso formal- se bosquejará el mecanismo de distribución de cargos. Lo indican todos los manuales: cobrar antes de bajarse.
El ex gobernador pide cinco diputados «a salir». De lograrlo sería un éxito comparado con las elecciones en que fue gobernador: en 2003 -con Duhalde- no puso ningún diputado; con Kirchner, en 2005 coló a Rafael Magnanini en el puesto 21; en 2007, sólo a sí mismo.
Pero así como saca del medio un elemento que disparó a grado crítico la relación entre los tres -Solá reprocha, todavía, que hubo algún incumplimiento de Macri, su primer aliado en ese minué anti-K-, se abren otros frentes de negociación. Veamos lo más urgente:
- Solá cederá el tope de la lista a De Narváez, pero no se sumará como segundo o tercer candidato de la misma. Pide cinco lugares, entre ellos el de su mujer, María Helena Chávez, a quien pretende segunda en la boleta (los otros nombres son Jorge Sarghini, Eduardo Amadeo y, entre otros, Raúl Rivara). Pero su salida, se advierte, deja sin un peronista «de alcurnia» la boleta de la triple alianza, así que los socios deberán buscar, si es que quieren cubrir ese frente, un nombre para que se ubique entre el empresario y el macrista, quizá José Torello, flamante interventor del PRO bonaerense, que vaya en el tercer lugar de la boleta.
- La falta, entre los candidatos, de una pata peronista, entonces, se impone como una debilidad. Por eso, desde algunos sectores, se comenzó a agitar un nombre: el de Chiche Duhalde, como número dos detrás de De Narváez. La dama, se dice, no estaría interesada en eso no soportaría ir segunda- pero su marido aparece casi obsesionado por dejar sus huellas muy claramente marcadas en el armado del peronismo disidente, además, ya tiene una banca, como Solá. Un antecedente cercano: ubicó, con forceps, a Osvaldo Mércuri como jefe del bloque Unión Peronista de la Legislatura bonaerense. Para Solá sería un planchazo porque lo obligaría a relegar, otra vez -la quiso hacer diputada por la Primera Sección, en el 2007- a su mujer.
- Otro asunto es el rol que tendrá Solá a los 10 minutos de anunciar que cede ante De Narváez. Lo formal, pero por ahora inasible, es la jefatura de un espacio legislativo que reúna al PJ disidente, PRO y provinciales. Pero con presencia, se aclara, muy firme en la campaña. A mediado plazo aparece más difuso. ¿Cederá Macri, en detrimento de Gabriela Michetti, si ésta acepta ser diputada, el protagonismo de ese espacio en manos de Solá? Es uno de los temas que explora la vicejefa cuando piensa en el Congreso como destino futuro.
- A su vez, mientras los publicitarios trabajan sobre la marca electoral -algunos sugieren retomar Unión-PRO del 2007, otros dicen que tiene que reflejar mayor amplitud- De Narváez, tiene algunas bancas comprometidas: al ala PJ, que llegó de la mano de Duhalde, vía Alfredo Atanasof; al sector sindical, que opera a través de Luis Barrionuevo, con un escaño para Dante Camaño. También se le termina el mandato a Eugenio Burzaco, alguna vez de PRO, ahora abierto colaborador de De Narváez. ¿Y Duhalde? A sugerencia del ex presidente quizá ingrese Jorge Villaverde. Macri pedirá, además, su tercio de la lista para cumplir con sus propias promesas. A su primo Jorge, que se queda sin banca en diciembre, no le reserva ningún espacio.
- El esquema Macri-De Narváez-Solá supone que una vez que se anuncie el «renunciamiento» -el segundo; el primero fue cuando renunció a pelear por un tercer mandato en la provincia- se podrán enfocar en la campaña para polarizar con el oficialismo. Ese trío apuesta a que en vez de un modelo uruguayo de tres partes se exprese un enfrentamiento mano a mano con Kirchner sin que, por eso, la entente CC-UCR
-¿Cobos?- caiga por debajo de los 15 puntos. El espejo a mirarse es la presidencial del 95, donde el PJ oficial versus un esquema del PJ disidente coparon la disputa. Claro que sueñan con, a diferencia de entonces, destronar al oficialismo, algo que no lograron por entonces José Octavio Bordón y Carlos Chacho Álvarez.
- De todos modos, aunque se considera garantizada la polaridad con Kirchner, un sector de la triple alianza -el más cercano a Duhalde, quien llegó a hablar del tema con Raúl Alfonsín- sigue poniéndole fichas a una megaconfluencia entre el PRO y el PJ disidente con la UCR y la Coalición Cívica. Desde estos últimos, esa posibilidad se descartó. Algunos, igual, todavía alientan alguna expectativa.


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