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¿Qué cambiará la dama?
Yellen era el plan A de los mercados desde siempre. Su formación académica es inobjetable aunque menos laureada que la de Summers, pero le llevaba una ventaja sideral: conoce a fondo el terreno. En 1977 pisó por primera vez la institución como staff de la Junta de Gobernadores en la División de Estudios Internacionales. Su vida profesional se desarrolló como alternancia entre la investigación en Berkeley y el banco central (con un paso como titular del Consejo de Asesores Económicos del presidente Clinton en 1999). Fue gobernadora de la Fed en tiempos de Alan Greenspan. Militaba entre las "palomas", pero cuando el "maestro" se entusiasmó con "la nueva era" del salto de la productividad, según cuenta Larry Meyer, recomendó una cauta suba de tasas que no fue escuchada. Yellen presidía la Fed de San Francisco antes de secundar a Bernanke en octubre de 2010. Nadie necesita explicarle la hoja de ruta del banco central: ella contribuyó a trazarla. Valga un botón de muestra. A mediados de abril, Yellen subrayó que las bajas tasas de interés podían empujar a los inversores, en aras de capturar rendimientos, a tomar riesgos excesivos. Días después, Bernanke recitaría idéntico guión en su ya célebre aviso del posible "tamizamiento" del QE3. Los mercados nunca quieren cambiar de caballo en medio del río. Dado que no hay más remedio, Yellen es la mejor garantía de continuidad.
¿Qué cambiará con Janet Yellen al timón? ¿Nada? La experiencia enseña a esperar una mudanza. Cada estilo de conducción es personal y marca diferencias que se advierten nítidas con el paso del tiempo. Volcker, Greenspan, Bernanke han sido muy distintos aunque ninguna transición involucrase una ruptura. Si se revisan las posturas de Yellen, no hay sino puntos de contacto con la agenda impulsada por Bernanke. La adopción de un objetivo de inflación (lo más parecido a un "flexible inflation targeting" que permite el mandato dual de la Fed), el uso de nuevos instrumentos como paliativo al límite nominal de las tasas cero que impuso la crisis, la obsesión por la estabilidad de las expectativas de inflación, el énfasis en el papel vital de la comunicación son un ideario compartido. Yellen defiende la laxitud actual de la política monetaria, su mantenimiento por más tiempo que lo que sugeriría la praxis convencional (como la regla de Taylor), las compras masiva de bonos, y las innovaciones que trajo consigo el QE3. Cuando Bernanke, en 2010, quiso perfeccionar la estrategia de comunicación, le encomendó la tarea a Yellen. Ella pergeñó la llamada "forward guidance", la política que procura transmitir con claridad los objetivos de largo plazo de la FED y la forma en que piensa alcanzarlos. Esta política, dicho sea de paso, fue la que tropezó en la reunión de septiembre. Si se trató de un error, y todo indica que así fue (pese al cierre posterior del gobierno), el sayo también le cabe a Yellen.
¿Y dónde anidan las diferencias? Yellen tiene el mejor récord individual en materia de pronósticos y, según allegados, una modalidad de trabajo más abrasiva. Si tiene dudas puede consultar en casa con su marido el Premio Nobel, George Ackerloff. ¿Mantendrá el libre flujo de opiniones públicas de los "insiders" muchas de ellas, discordantes - que fue el cuño "colegiado" distintivo de Bernanke? El celo regulatorio como herramienta para asegurar la estabilidad financiera otra herencia de la crisis (y un bien ganancial compartido con Ackerloff) será más marcado en Yellen que en sus dos antecesores inmediatos. Pero, sobre todo, lo que no se repetirán serán las circunstancias. Volcker, Greenspan y Bernanke, se estrenaron en un contexto de suba de tasas y, en el fuego cruzado de los mercados y las adversidades, se ganaron sus galones. Cada uno a su manera. Ese tiempo de prueba también le tocará a Yellen. Aterrizar la política monetaria no convencional puede ser un gran éxito o todo lo contrario pero, como fuera, será memorable. Allí se acuñará el sello de Yellen.


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