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Rehén de sus aliados, Dilma sabe castigar... y disimular
Dilma Rousseff saluda al designado ministro de Turismo, Gastao Vieira, que reemplaza al despedido Pedro
Novais. Ambos, el entrante y el saliente, son ahijados del veterano José Sarney, presente ayer en el acto.
Sin embargo, las causas políticas que rodearon la salida del exministro siguen en pie, lo cual permite suponer que otras crisis amenazan al joven Gobierno de Rousseff, de apenas nueve meses y que ya es veterano en sacudones.
Se puede suponer que la caída de Pedro Novais está más cerca de ser una medida cosmética que de fondo, porque el nuevo ministro de Turismo, Gastao Vieira, nativo del estado de Maranhao, también tiene como padrino político al octogenario Sarney, conocido como el «coronel», apelativo utilizado para los caciques políticos de Maranhao.
O sea, el «sarneysta» Novais fue reemplazado por el también «sarneysta» Vieira.
¿Qué significa esto? Que luego de varios escándalos, tres de los cuales involucran a ministros del PMDB de Sarney, la presidenta sustituyó a todos los acusados «pemedebistas» por otros «pemedebistas».
«Prisionera»
A veces, Dilma parece «prisionera» del PMDB, como afirmó ayer el senador Agripino Maia, del opositor partido Demócratas.
Hasta el momento, la presidenta evitó hacer cambios de fondo en la mayoría de las crisis ministeriales.
En general, Rousseff descartó sustituir a un político manchado de corrupción por un ministro de perfil técnico o perteneciente a otros partidos menos salpicados por sospechas de irregularidades que el PMDB.
Todo lo mencionado acarrea, además, eventuales problemas de gestión pues los funcionarios designados sólo ocupan cargos en mérito a los arreglos partidarios, y sin importar su plan para la cartera en cuestión.
Esto ya comienza a afectar la calidad del Gobierno, como se vio con la caída del ex ministro de Transporte, Alfredo Nascimento, que al parecer cobraba millonarios sobornos en una cartera vital en la estrategia de grandes obras públicas fijada por Rousseff.
Luego del escándalo en Transporte, decenas de contratos debieron ser revisados y las obras, paralizadas.
El nuevo jefe de Turismo, Gasato Vieira, no tiene ninguna experiencia en esa área, la cual adquirió un peso importante en Brasil, país que recibirá cientos de miles de visitantes de todo el mundo en la Copa del Mundo de 2014 y las Olimpíadas de 2016.
Por contar con la mayor bancada en el Senado y la segunda más poderosa en Diputados, el PMDB es un socio indispensable para garantizar la gobernabilidad de Rousseff.
Los dirigentes del PMDB exhiben gran experiencia en el ambiente político de Brasilia, donde se mueven con gran habilidad, ya que ese partido ha integrado todos los gabinetes presidenciales desde 1985, sin tener muchos reparos en el signo ideológico de cada Gobierno.
Hasta el momento Rousseff, quien muestra falta de talento político y nunca había ejercido ningún cargo electivo antes de ser presidenta, mostró que su principal preocupación es garantizar la gobernabilidad. Claro que si la gobernabilidad se paga al precio de un escándalo de corrupción cada dos meses y medio, el costo es bastante alto, y puede acabar desgastando la imagen presidencial.
Síntomas de descontento contra el Gobierno, aunque no directamente contra la presidenta, comienzan a salir a la luz, y el más nítido de ellos se observó el 7 de septiembre, cuando decenas de miles de manifestantes repudiaron la corrupción en Brasilia, casi a la misma hora en que Rousseff encabezaba los actos del Día de la Independencia.
Convivencia difícil
Por otra parte, hay que tener presente que dentro de la alianza de partidos que componen el Gobierno también está el Partido de los Trabajadores (PT), al cual es afiliada Rousseff.
La convivencia entre el izquierdista PT y el centrista PMDB nunca es pacífica, porque pese a ser socios a nivel federal, esos partidos tienen disputas regionales que podrán avivarse en 2012 cuando habrá elecciones en las principales ciudades del país, como San Pablo, Río de Janeiro y Belo Horizonte.
Los eventuales enfrentamientos entre el PT y PMDB en las disputas electorales de las grandes ciudades pue-
den repercutir a nivel nacional y, ése podría ser el combustible de futuras crisis de gabinete.
Agencia ANSA


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