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Repliegue de Tema a cargo de una dotación mínima de emergencia
La orden de repliegue, impartida por Cristina de Kirchner a raíz del fracaso en la negociación con las autoridades de Ghana para liberar el velero escuela que llevaron a cabo el embajador Eduardo Zuain, viceministro de Relaciones Exteriores, junto a su colega de Defensa, Waldo Forti, cortó el periplo cuando aún faltaban visitas oficiales a seis puertos, entre ellos Angola, de interés especial del secretario Guillermo Moreno. Quedaron fuera Luanda (Angola), Walvis Bay (Namibia), Cape Town (Sudáfrica), Río de Janeiro (Brasil) y Montevideo (Uruguay); el buque tenía previsto arribar el 8 de diciembre a Buenos Aires.
La decisión política de replegar a los marinos se precipitó al conocerse que el juez ghanés Richard Agyei-Frimpong había ordenado que se «prohíba el abastecimiento de combustible», medida que afecta con el paso del tiempo funciones básicas y de mantenimiento del buque, entre ellas el sistema de lucha contra incendios, baños, alimentación eléctrica a cocinas, frigoríficos, aire acondicionado e iluminación, que tornan imposible la habitabilidad. El velero lleva víveres frescos para unos tres meses, pero su conservación depende de tener asegurado el fluido eléctrico.
La dotación de emergencia que permanecerá a bordo se definirá imaginando el peor escenario, una prolongada pelea en tribunales internacionales, la Corte de Hamburgo, que atiende contenciosos vinculados a la Convención del Mar y el reclamo que hará el canciller Héctor Timerman ante el secretario general de las Naciones Unidas Ban Ki-moon (ver nota aparte).
El comandante Salonio es la pieza inamovible; también quedarían a bordo el capitán de fragata Fernando Carro, jefe de máquinas; los capitanes de corbeta Pedro Brandolín, jefe de cubierta; Edgardo Ferrari, médico; Miguel Surriale, contador, jefe de abastecimientos y al menos tres tenientes de navío para mantener una guardia junto a los suboficiales y cabos más antiguos, un total de no más de 15 marinos.
Los guardiamarinas comenzaron a reunir sus pertenencias y a preparar el equipaje mínimo para un vuelo charter.
Entre ellos se encuentra un guardiamarina de las armadas de Bolivia, Brasil, Paraguay, Perú, Sudáfrica, Surinam y Venezuela, 8 de Uruguay y 15 de Chile a cargo del teniente primero de la Armada trasandina, Felipe Waghorn Gallegos.
La Fuerza Aérea chilena dispone de un Boeing 767 de transporte estratégico con capacidad para 250 pasajeros. Brasil tiene C-130 Hércules que pueden acomodar entre 50 y 60 hombres.
La cuestión no es menor, poner una aeronave oficial implica un nivel de compromiso que va más allá de la solidaridad regional.
Cuando estalló el escándalo de la detención de la Libertad, tanto el agregado de Defensa y Militar chileno, coronel Leonardo Martínez Menanteau, como el agregado naval, capitán de navío Pablo Lubascher Correa, hicieron saber a las autoridades de la Armada argentina que los becados chilenos se replegarían con sus pares argentinos. La única duda es qué hacer con el teniente Alelethu Bixia, de la Armada sudafricana, quien está a muy poca distancia de su base en Smiths Town, Sudáfrica.


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