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Scioli jugó con reelección de Cristina para huir de la vice
Sugirió «segundo mandato». Autopreservación y repliegue. La utilidad para el plan 40,1% de Olivos
Daniel Scioli se paseó ayer por Merlo, junto a Raúl Othacehé, uno de los intendentes del PJ multirreelectos que buscará repetir en 2011.
A pesar de agotar varios minutos de radio negando que el oficialismo se entrevere en «especulaciones electorales», el gobernador agitó la ruleta de las candidaturas al plantear que Cristina de Kirchner está en condiciones de pelear por un segundo mandato.
Se escudó en la potestad constitucional, pero esa explicación es obvia: Scioli al sugerir la reelección presidencial no hizo otra cosa que deslizar su propia reelección. Algo así como plantear que los que gobiernan pueden reelegir.
Pero, sobre todo, el gobernador trató de apagar una fogata que lo irrita: la que lo incluye como potencial vice de Néstor Kirchner en una remake, para el año próximo, de la fórmula compartida que ganó (en realidad quedó segunda detrás de Carlos Menem) en 2003.
Pero, de rebote, Scioli regó la teoría -que germinó a fin del año pasado (este diario la relató en noviembre) y ahora volvió a fluir- de que la exaltación del cartel «Néstor 2011» es una sobreactuación para, en el tramo final, apostar a la reelección de la actual presidente.
Supuesto duelo
Subyace el supuesto de un duelo entre cristinistas y nestoristas -eco de los desencuentros entre Florencio Randazzo y Aníbal Fernández- pero es pura hojarasca: a Kirchner le fascina jugar al misterio y dejar correr varias opciones electorales.
Lo hizo con su esposa en 2005, lo repitió en 2007 -entre su reelección y la llegada de Cristina de Kirchner- e insistió, ya sin éxito electoral, cuando guardó hasta el final su candidatura como diputado nacional por Buenos Aires, a pesar de la flojera de papeles.
Ajeno o funcional a esas maquinaciones, Scioli lanzó a Cristina para que lo bajen del sidecar nacional y le terminen de dar un okay público para repetir en la provincia, determinación que ya tomó en privado pero que sectores del PJ insisten en poner en duda.
Scioli, casi monotemático, le apunta a Sergio Massa como el «vocero» silencioso de la versión de que Kirchner quiere al gobernador como segundo. En La Plata, ocurrentes y molestos, se quejan de los «machos del off de récord» que en público callan y en privado susurran.
Enlace
De todos modos, para no incomodar a Néstor Kirchner, Scioli habló ayer de que el ex presidente tiene «más del 30%» en intención de voto en la provincia lo que se enlaza con el otro elemento que expone para conseguir el guiño del matrimonio K para reelegir en la provincia.
En abril, por primera post 28-J, Scioli superó en intención de voto a Francisco de Narváez. Ese escenario se confirmó y se amplió en mayo, según las encuestas -explora más de una- que repasa semanalmente Scioli junto a Alberto Pérez y Javier Mouriño.
En el elogio, el gobernador deslizó una debilidad: el más del 30%, además de estar inflado, revela que ni el patagónico, ni su mujer, llegan al piso imprescindible del 40% con que fantasean como parte de eso que se llaman Plan 40,1% y consiste en ganar en primera vuelta. La ecuación, desde el prisma platense, es simple. Scioli se atribuye, con datos en la mano, en ser el único dirigente del PJ -y el universo K- que puede aportarle a un Kirchner, él o ella, un plus de votos que le permita llegar al desesperado 40 por ciento.
Ese diagnóstico se sostiene en muestras que otorgan al gobernador niveles de adhesión superiores al 45% mientras que Kirchner, en las encuestas más bondadosas, no supera -a nivel provincia- el 35% de imagen positiva y carga con el karma de que 6 de cada 10 jamás (hoy) lo votarían.
Consolidado
Con ese plus de votos, agua en el desierto para los Kirchner, Scioli se considera imprescindible para cualquier aventura K, sea con Néstor o con Cristina de Kirchner. Eso -cree- lo empuja a Buenos Aires, así sea por la necesidad del matrimonio, y lo consolida para reelegir.
«Ningún otro candidato le sirve», decían, ayer, en La Plata en una mención implícita a Massa que rankea bien en conocimiento y buena imagen pero, según el encuestador-peronólogo Julio Aurelio, no traduce esos indicadores en intención de voto, por lo que pierde ante De Narváez.


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