Será ley la cláusula K: otra sumisión PJ ante Kirchner

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Alberto Balestrini tardó en asumirlo: se negó, obstinado, a ver que los dos episodios que la semana pasada lo desautorizaron, el retoque de la reforma política y la embestida de Ariel Franetovich, tenían como usina Olivos y, puntualmente, a Néstor Kirchner.

Quiso -prefirió- endilgar las dos cruzadas a Florencio Randazzo, el ministro del Interior. Al final, cuando a su lado se habló de renuncias y portazos, terminó por reconocer que la mano del patagónico, a quien jura una lealtad musulmana, fue la que sacudió su calma.

En pocas horas coronará ese sometimiento: al frente del Senado aprobará la reforma política con la cláusula K que exigió el ex presidente para que la primaria bonaerense sea simultánea de la nacional, retoque que Kirchner les ordenó, por teléfono, a los diputados.

Pero, en paralelo, el vice ensayará un gesto -menor- de rebeldía: prometió que no cederá un centímetro en la disputa con el ministro de Asuntos Agrarios, Ariel Franetovich, que pretende, desafiando un reglamento interno, pedir licencia a su banca.

Herido en su orgullo, Balestrini juramentó que no permitirá que el ministro retenga dos cargos. Sin soporte interno, archivó la amenaza de no sesionar hasta que Daniel Scioli resuelva el expediente Franetovich, lo haga renunciar al Senado o lo eche de Agrarios.

Ése fue el ultimátum que el jueves, el vice gruñó ante Alberto Pérez. Pero reculó: hoy hará votar la reforma al estilo Olivos, con una ampliación de bancas, y los pliegos de dos directores del BAPRO, el radical Diego Rodrigo y el sciolista Rafael Perelmiter.

Puede, incluso, surgir un atajo para que la resolución del caso Franetovich sea la menos dramática. El fin de semana se exploró alguna alternativa. ¿Una excepción al reglamento, una licencia temporal? El ministro, por lo pronto, decidió no llevar su queja a la Justicia.

Sobre la hora apareció una mínima luz que devolvió a Franetovich a un Gobierno del que estaba prácticamente afuera. Hoy se verá con el gobernador, con quien no dialoga -en realidad Scioli sólo escuchó- desde el martes. Por la dimensión de la crisis, parece poca comunicación.

En simultáneo se abrieron múltiples vías de negociación, con escalas en el Sur, La Matanza y La Plata, para resolver el intríngulis. Al final, Franetovich, que responde a Randazzo y tiene la cobertura de Héctor Icazuriaga, jefe de la SIDE -también de ese distrito de la Buenos Aires rural-, se convirtió en un asunto de Estado.

Costos

¿Existe alguna explicación por la que Kirchner mandó cambiar una ley a la que había dado el visto bueno 10 días antes? ¿Hay algún motivo que justifique que haya animado una batalla que dañó a Balestrini, Randazzo y le regaló a Scioli un problema de solución costosa?

«Kirchner quiso exponer -se confesó un dirigente de probada genética K- que el que manda es él, que puede hacer lo que se le antoje, incluso hacer que los diputados cambien en 10 minutos una ley que el Senado había votado previa consulta con él».

Al margen de ese comportamiento destructivo -la intervención del ex presidente sólo sirvió para generar conflicto entre sus leales- hay otro hilo argumental más específico: Kirchner detonó un duelo entre Balestrini y Randazzo para cobrarse una rebeldía.

En agosto, cuando el ex presidente decía que Scioli debía jurar como diputado, el vice y el ministro del Interior (en una inédita empatía) «bancaron» a dúo la postura de que el gobernador tenía que seguir en su cargo. Kirchner se cobra todas las deudas.

En el entrevero, al gobernador le aparecen otros inconvenientes. La intromisión de Kirchner con la reforma política forzó a los diputados a aceptar modificaciones para alcanzar el número, entre ellas una para ampliar el número de bancas legislativas.

Esta tarde, el Senado aprobará ese artículo (crea ocho diputaciones y cuatro senadurías más), que nada tiene que ver con la reforma, pero incorporado al expediente general les garantiza a sus impulsores que será aprobado junto con el ensamble de la fecha de las primarias.

La ilusión tendrá poca vida: Scioli vetará el tramo que se refiere a la creación de doce nuevas bancas. «No es el momento», se argumenta.

En ese tránsito, se rompió el idilio de Balestrini con Kirchner -que posiblemente no es recíproco- y el vice amaga ahora con exponer una autonomía que dos semanas atrás era inconcebible. Se usa una figura poco simpática para el patagónico: «La política tendrá nuestra 125», dice.

Algo así como un grito de independencia, que alcanzó hasta ahora para evitar que Federico Scarabino, uno de los principales soportes de Balestrini en el Senado, abandone la vice del cuerpo.

Días duros para los segundos. A Scioli lo persigue, todavía, la intriga con su propio hermano, José, que tiene decidido encarar una carrera política autónoma, desde el PJ porteño, con algún plan para 2011, tema que ya conversó con Víctor Santa María.

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