Servini rechazó abrir feria para tratar acusaciones

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 La jueza federal María Servini de Cubría rechazó ayer habilitar la feria judicial para tratar la acusación del fiscal Alberto Nisman contra Cristina de Kirchner y funcionarios del Gobierno. El expediente deberá esperar al juez Ariel Lijo. A cargo de la causa que investiga la trama Ciccone, el magistrado tomará control de un expediente que lo confirmará como uno de los funcionarios más rutilantes del fuero.

El cálculo y la estrategia dominaron las conversaciones que ayer se desarrollaron en el Gobierno y en los tribunales. Servini se comunicó temprano con las oficinas de la Corte Suprema, donde la denuncia de Nisman alentaba interpretaciones sobre los próximos conflictos. El desaire del juez Rodolfo Canicoba Corral (ver nota aparte), así como la definición de Servini, van en sintonía con la puja por la reforma procesal penal y la instauración del sistema acusatorio: sus acciones señalan -sin decirlo abiertamente- las consecuencias del protagonismo de la figura del fiscal en los procesos, que a partir de dicha reforma sumaría mayores atribuciones. Canicoba entiende que Nisman por momentos no logró discriminar entre la labor judicial y las tareas propias de los organismos de inteligencia.

Para los sectores judiciales más distantes al Gobierno, la denuncia del fiscal de la Unidad AMIA es un hecho político en el presente que incomoda al oficialismo y aglutina a la oposición, pero es en el futuro inmediato (posiblemente marzo) cuando adquirirá sus mayores significados cuando se debata la reglamentación.

Nisman ayer casi no recibió respaldo desde el poder que integra, ni siquiera uno de los comunicados habituales del gremio. Es un funcionario distante a todas las corrientes que se disputan el protagonismo en los tribunales, y las supuestas escuchas que habría ordenado desde su despacho y que él define como "extrajudiciales" agrandan esa distancia. Los magistrados tienen la posibilidad de confirmar su tesis, más necesaria que nunca, de que los fiscales son demasiado arriesgados como para tener bajo su control los expedientes más resonantes. Para tener en cuenta: Canicoba Corral había delegado la pericia de la causa AMIA en Nisman y desde hacía meses que no llegaba ningún petitorio para su revisión. Es el esquema que propone la reforma.

El otro dato que anoche no pasaba inadvertido para nadie en el fuero federal es que hasta el momento el Centro de Información Judicial de la Corte no le ha dado difusión al dictamen de Nisman a pesar de su gravedad institucional. Esas 300 carillas todavía son un misterio para muchos.

En tanto, en el Gobierno la tarea que por estas horas insume esfuerzos es averiguar quién fue el juez que autorizó los procedimientos de Nisman. No fue Canicoba Corral y tampoco Lijo, que es quien originalmente instruye la causa por supuesto encubrimiento que ya ha sido elevada a juicio oral. Puede ser cualquier magistrado del país con competencia federal.

En Balcarce 50 repasaron la actuación del fiscal en el expediente con especial énfasis en el juicio oral que el Tribunal Oral Federal Número 3 declaró nulo. La instrucción de ese proceso la realizó Nisman (presentó los cargos ante el tribunal) y en la instancia oral los fiscales originales directamente terminaron apartados. En esas fojas es donde el oficialismo busca construir el argumento de que Nisman denunció a la Presidente y a los funcionarios antes de que él mismo terminara señalado por su accionar en el caso. El kirchnerismo busca achacarle al fiscal la falta de resultados contundentes luego de más de una década.

No faltaron ciertas retrospectivas de tinte autocrítico. Por ejemplo, señalar por qué en las modificaciones dispuestas por Alejandra Gils Carbó el último día hábil de 2014 no se abordó el destino de la unidad de la causa AMIA y sí el de otros espacios de menor poder de fuego. Tampoco la comunicación sobre el personal de la SIDE: el secretario general de la Presidencia sembró dudas sobre decisiones que ya fueron tomadas y que son irreversibles, tal como ayer Oscar Parrilli se encargó de confirmar a quienes lo consultaron.

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