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¿Tragedia o muerte por mil cortes?
Con este anuncio, Papandréu redobló la apuesta. Desde el punto de vista político es lo único que podía hacer, teniendo en cuenta las violentas protestas que han sacudido a Atenas en las últimas semanas. El ministro de Economía, Evangelos Venizelos, planteó la elección en estos términos: «Los griegos deben decidir si quieren permanecer en Europa, con el euro, en un país que pertenece al mundo desarrollado, o si quieren volver a los años 60.»
Sus compatriotas aparentemente no ven la elección de esta manera. Probablemente prefieren permanecer en la eurozona pero no parecen estar dispuestos a pagar el alto costo que se les exige (que son los programas de austeridad que piden Berlín y París). Las encuestas de opinión pública indican que el 60% de la población se opone al acuerdo alcanzado (y los programas de austeridad que impone sobre la economía griega). Como muchas veces ocurre, las preferencias de los votantes no son lógicamente consistentes.
Un voto negativo al acuerdo sobre la deuda significará la caída del Gobierno de Papandréu y probablemente el tan esperado default de Grecia y la salida de la eurozona. De esta manera, el impacto favorable que generó el anuncio de Angela Merkel y Nicolas Sarkozy en Bruselas la semana pasada se desvaneció por completo. Volvió la incertidumbre y el debate sobre si el FEEF (Fondo Europeo de Estabilidad Financiera) apalancado a 1 billón de euros era una bazuca o un rifle 22 perdió relevancia.
Como era de esperarse los mercados reaccionaron negativamente al anuncio de Papandréu (que no fue consultado ni con Merkel ni con Sarkozy). De esta manera la tragedia griega continúa y empieza a parecerse a la «muerte por mil cortes», una tortura practicada en China hasta principios del siglo XX. Consistía en descuartizar lentamente al condenado, que previamente era drogado con opio y atado a un poste. Los pedazos del cuerpo eran depositados ante la víctima, que era mantenida con vida hasta terminar con una decapitación o la extracción de un órgano vital. En Rayuela, Cortazar describió en cierto detalle esta cruenta tortura. «La operación total duraba una hora y media», le explicaba un chino a su protagonista, Horacio Oliveira, mientras le mostraba una secuencia de fotos en la que «lo único que iba cambiando era el condenado sujeto al poste, las caras de los asistentes (había una mujer a la izquierda) y la posición del verdugo, siempre un poco a la izquierda por gentileza hacia el fotógrafo.»
En este caso la tortura viene durando bastante más que una hora y media. No está claro si las víctimas son los inversores o la economía griega. Quizá sean los dos. Sea como fuere, la crisis europea se profundiza cada vez más. Lo que pase en Grecia de ahora en más pasa a tener menos relevancia. De una crisis de deuda soberana pasamos a una crisis financiera y de una crisis financiera a una crisis política de la eurozona. Su solución parece estar fuera del alcance de la actual dirigencia política europea.
Recordemos que para evitar una depresión como la de los años treinta, entre 2008 y 2009 el Gobierno de Estados Unidos comprometió (aunque no desembolsó) recursos prácticamente equivalentes a su PBI. El FEEF apalancado sólo alcanza a poco más del 10% de esa cifra. En cuanto a China, más que torturador, se presenta como el caballero blanco en el que la eurozona deposita grandes esperanzas. Con la participación de China, cuyas reservas disponibles ascienden a más de dos trillones de dólares, el FEEF tendría mucho mayor poder de fuego y quizá podría salvar a España e Italia. Pero todo sugiere que Grecia se encamina inexorablemente a una crisis política, seguida por el default y la salida de la eurozona. Quizás mucho antes que enero de 2012.


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