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Un nuevo libro echa más luz sobre la vida de Evita
En su nuevo trabajo de reciente aparición, “Eva Duarte, más allá de la pena”, el autor investiga con seriedad la biografía del ícono nacional y busca dar respuesta a algunos aspectos poco explorados.
Maranghello. El historiador dedicó doce años de trabajo a la preparación de esta nueva biografía.
C.M.: Ese dato me lo brindó Antonio Ber Ciani, que la hizo entrar en la filmación de "Ayúdame a vivir", y me señaló la escena donde mejor se la distingue. Después él iba a visitarla a la Fundación. Ella lo apreciaba mucho, era muy agradecida con quienes la habían ayudado en los tiempos difíciles. P.: ¿Y esa anécdota de los obreros que la vejaron durante el rodaje de "El más infeliz del pueblo", cuando ella era apenas una figura de reparto?
C.M.: Ese cruel episodio en los estudios Efa, del que Luis Sandrini la rescató a las trompadas, me lo contaron tres testigos, en entrevistas individuales y sin conexiones entre sí. Sigo el criterio que utilizamos con Andrés Insaurralde para la biografía de Fanny Navarro: no menos que la coincidencia de tres testigos.
P.: Se refiere a "Fanny Navarro, un melodrama argentino". ¿Cómo lo elaboraron?¿Pensó en algún momento escribir "Eva Duarte" también con Insaurralde?
C.M.: Con Andrés fuimos alternando, uno escribía un par de años, el otro leía, aportaba datos o correcciones y luego redactábamos la versión final. Sólo escribimos juntos lo relacionado con el Ateneo Cultural Eva Perón. Después él se negó rotundamente a empezar otro esfuerzo semejante. Pero me ayudó a investigar, me dio sus consejos y realizó una esmeradísima primera lectura del texto.
P.: En los agradecimientos del libro figura su suegra. Es raro que alguien agradezca algo a una suegra. ¿Ella integró su cuerpo de asesores?
C.M.: No hubo ningún cuerpo de asesores. Mi suegra, una gran modista, se hizo fundamental porque Eva, ya desde muy joven y con sus escasos medios, trataba de imitar a sus dos estrellas preferidas: Norma Shearer y Greer Garson. Luego su vestuario tomó gran preeminencia política. Luciana me ayudó con el nombre de las telas, su calidad, las fantasías o alhajas. Fue una asistencia enorme y nunca terminaré de agradecerle su alegría cuando la consultaba. ¡Y eso que no era peronista!.
P.: ¿Y esa historia del noviazgo con un político radical, casado? ¿Y lo del tango que ella, ya mujer de Perón, bailó en el Molino con el entonces coronel Pedro Eugenio Aramburu, durante una reunión social?.
C. M.: El noviazgo de juventud con Ernesto Sammartino lo trata el investigador y periodista entrerriano Claudio Cañete en su libro "Capítulos perdidos. Los días de Perón y Evita en Paraná". Lo otro está tomado del libro de Abel Posse "La pasión según Eva", que es muy atractivo. El dato se lo pasó la actriz Elena Lucena.
P.: Vamos a un tema delicado: el supuesto embarazo con el actor Pedro Quartucci, también casado...
C.M.: Primero surge una notita en la revista "Sintonía", anunciando que tres estrellitas habían variado su peso y que, de ellas, Evita "había aumentado doce kilos". En la convención intrínseca con sus lectoras ese aumento sólo podría ser resultado de un embarazo. Probablemente el autor haya sido Carmelo Santiago, que odiaba a Evita más allá de lo razonable. Pero yo empecé a investigar.
P.: Hasta ahora, la versión de su maternidad solo ha sido sostenida por Nilda Quartucci, la hija "adoptiva" del actor, ¿verdad?
C.M.: Cuando la señora Quartucci apareció, la historia parecía poco probable. Pero varios datos la hacen posible. Las fotografías de los ensayos teatrales con evidente sobrepeso, el abandono de la compañía en determinado mes, comentarios dubitativos de artistas de la época. De todas formas, no avanzo más de lo que pueda comprobarse.
P.: Después Pedro Quartucci, por razones desconocidas, se ligó una pateadura de "los muchachos", como usted mismo registra. Es un libro muy completo, que además pinta con gran detalle y mucha objetividad la vida argentina de otros tiempos, los sinsabores de las chicas que soñaban con la calle Corrientes, y el nacimiento del peronismo.
C.M.: Hay otros libros sobre Evita como actriz. Los que me resultaron más útiles fueron los de Juan José Sebreli, Marysa Navarro y, sobre todo, Otelo Borroni y Roberto Vaca, pleno de datos que me llevaron a otros textos y testimonios, con los que pude describir varias personalidades atractivas, dentro de esa historia de una personalidad fascinante.


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