Wall Street: el regreso de los toros, pujante e inesperado

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La crónica de una muerte anunciada se convirtió en un breve desmayo y una resurrección impetuosa fuera de agenda. Sobre la marcha se suspendió el velorio, el supuesto occiso se levantó, y hubo que dejar paso a los toros. ¿Dónde quedó la corrección inexorable que el destino tenía reservada para la Bolsa? De momento, se resolvió a mitad de precio, un chapuzón de 5%. La cátedra forense, la que advirtió de la gravedad de sus condiciones, sacará a relucir otra verdad: no está muerto quien pelea. El uno – dos del S&P 500 (con alzas de 1,71% y 0,75%, jueves y viernes) lo devuelve a tiro (1,45%) de la cima. ¿Acaso aquí no ha pasado nada? Es al revés. Pasó de todo. Y no se precisa recurrir a la cantinela de que la liquidez de la Fed hace milagros. Las minutas de su última reunión confirman que el tapering – la reducción de las compras de bonos – viene en camino. Tomen los dichos de septiembre como la constancia oficial de preaviso, dijo Tom Barkin, de la Fed de Richmond. Y la entidad lleva prisa. Lo anunciará el 3 de noviembre para empezar a ejecutarlo en la segunda quincena a razón de 15 mil millones de dólares por mes. En junio culminaría la tarea. Así, la Fed tendría las manos libres para izar sus tasas en el segundo semestre de 2022 si fuera menester (como la mitad de sus personeros considera hoy que sería apropiado). Wall Street revive, pues, sabiendo que tiene un taper por delante, que la expansión fiscal no se repetirá, que se cierne un aumento de impuestos, y que la banca central rompió el hielo de la suba de tasas en el mundo avanzado. Singapur propinó la más reciente, con la novedad de que no alertó a nadie.

¿De dónde, entonces, sacó bríos la Bolsa? La temporada de balances no podría haberse iniciado en mejor momento. La demanda de información está ávida como pocas veces. Un cúmulo de problemas – el atasco de la producción, la inflación, los dramas increíbles del abastecimiento, la escasez de mano de obra, entre otros – tortura a los inversores. La visibilidad es magra y confusa. La oferta de los estados contables cruzó a esa demanda insegura, ya desde los primeros reportes, con un nivel de logros y satisfacción que superó con creces las mejores expectativas. Los ocho balances de compañías del S&P500 que se conocieron el jueves a la mañana barrieron todas las objeciones. Los bancos hicieron punta con una solidez notable, impensable en una economía estancada, y Goldman Sachs, el viernes, arrasó las previsiones. La bonanza no se limita a los negocios de fusiones y adquisiciones o de banca de inversión. Alcoa, la empresa de aluminio antaño encargada de abrir la temporada, y JB Hunt, una firma de transporte multimodal, dan fe de un dinamismo subestimado en las cavilaciones previas que pusieron el foco en las dificultades. Pero no fueron sólo los balances, también los indicadores de la economía. La Universidad de Michigan confirmó que el consumidor está deprimido, y ya no es por la variante delta únicamente; lo asusta la inflación, y la agresividad de la política económica de Biden. Sin embargo, en los tratos con la banca revela otra personalidad, sana y constructiva. Y las ventas minoristas de septiembre ratificaron ese perfil. No cayeron 0,2% como se vaticinaba, escalaron 0,7%. Las de agosto, cuando se detectó la primera señal de su abrupto desánimo, se revisaron en alza de 0,7% a 0,9%. Son aumentos reales frente a tasas de inflación de 0,3% y 0,4%, respectivamente. La realidad, como se ve, es más compleja que su caricatura. Revisar una tirada completa de números de inflación (minoristas, mayoristas y del comercio exterior) sirvió también para sosegar al mercado de bonos. La inflación es alta pero el promedio minorista de los últimos tres meses, comparado con el de los tres meses anteriores, cayó a la mitad: de 0,8% a 0,4%. ¿Alcanza? El alivio fue evidente. Las tasas largas se hundieron por debajo de 1,60% y redujeron la mochila de la incertidumbre. ¿Se arregló el mundo? Nadie pide tanto. Mas no se arruinó como se sugería. El gran villano de la historia reciente – la variante delta – hizo mutis por el foro y nadie parecía notarlo aunque sí sus efectos adversos, que tardan en disiparse. Hasta que surja una nueva ola, la Bolsa sabe que la mejoría de balances e indicadores tiene espacio para crecer. Tras conocer las cartas que se dieron vuelta sobre la mesa no sorprende que reoriente hacia allí sus cañones. Se mueve rápido, pujante, y sin esperar el tiempo de la estacionalidad más favorable.

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