Diálogos de Wall Street

Edición Impresa

La Bolsa revive de la mano de mejores indicadores. ¿Durará? Nos responde Gordon Gekko, un veterano de Wall Street.

Periodista: El FMI y la OMC suman sus alertas sobre la fragilidad de la economía internacional. “Es una desaceleración sincronizada”, dice Christine Lagarde, “en un momento delicado”. El comercio mundial, una de las locomotoras de la actividad global, se contrajo en el último trimestre de 2018. “Cayó 0,3%”, señaló la OMC. Y la institución volvió a bajar la estimación para 2019: ya no crecerá 3,7% como en su proyección inicial ni 3% (la previsión revisada de diciembre). El nuevo pronóstico: 2,6%. Se complica el mundo pero, ¡oh, sorpresa!, Wall Street sube y amaga renacer de la cenizas. ¿Cómo se entiende?

Gordon Gekko: La Bolsa se anticipa. No ignora lo que dicen Lagarde y la OMC pero, en su momento ese cuadro la empujó a una corrección, ya está masticado; su tarea es mirar hacia adelante. Y en el margen apareció información más constructiva.

P.: ¿Como cuál?

G.G.: Sendos rebotes en los informes de la industria manufacturera de EE.UU. y China.

P.: Ahí está el meollo de la pesadez como consecuencia de la disputa comercial bilateral

G.G.: Hay mejores noticias. No diría muy buenas, pero sí alentadoras. Contra la opinión del consenso, la industria china dejó de caer y repuntó en marzo (por primera vez desde diciembre), según el informe PMI oficial .

P.: Es un alivio. Pero, ¿qué tan sólido? ¿Durará?

G.G.: Una golondrina no hace verano. Pero se esperaba otra caída, y no una golondrina. Quizás el estímulo fiscal y monetario esté comenzando a dar frutos. La producción aumentó y también las nuevas órdenes.

P.: Algo similar ocurrió en los EE.UU.

G.G.: En un nivel de actividad más elevado, que nunca mostró una caída. Pero la lectura de febrero era la más baja desde noviembre de 2016, y marzo la superó con nitidez. La producción, las nuevas órdenes y el empleo, todo ellos, mostraron un dinamismo en alza.

P.: ¿No me dirá que Lagarde abre la boca justo cuando el problema comienza a dar signos de arreglarse?

G.G.: No se lo diré. Es temprano para afirmarlo. Sin embargo, las últimas dos semanas, todos los indicadores relevantes de actividad en los EE.UU. se las arreglaron para sorprender favorablemente. Nada que no pueda revertirse, no alego que se viene una recuperación furibunda. Si toma el pronóstico en tiempo real de la Fed de Atlanta – que a mediados de marzo arriesgaba un crecimiento del PBI de 0,3% para el primer trimestre - ahora se anima a predecir una expansión a velocidad de crucero, 2,1%.

P.: Considerando la debilidad persistente de todos los primeros trimestres de año en los EE.UU. – que sobrevive a la desestacionalización de los datos – este número sí es muy rotundo.

G.G.: Veníamos de un cierre de gobierno – el famoso “shutdown” propiciado por el presidente Trump en su pretensión de que el Congreso le financie la gran muralla mexicana –y es difícil separar la paja del trigo. No sabemos cuánto de esto es verdadera pujanza y no mera nivelación después de un parate.

P.: ¿Y qué nos dice el indicador “estrella”, la curva de los bonos del Tesoro? ¿Cómo se llevan estos números con la inversión de la curva?

G.G.: La curva tomó nota. No está escrita en piedra. La inversión, así como vino de la mano de cifras que no eran promisorias, se fue con esta última tirada de informes. El tramo frontal a un año se aplanó. La relación de la tasa de diez años a tres meses, la que armó todo el revuelo, volvió a empinarse levemente: 8 puntos base. Y diez años contra dos años, el ratio que nunca se invirtió, preserva una pendiente positiva de 17 puntos base. El único tramo invertido hoy es el que va de un año a tres.

P.: ¿Y cómo se lee ese entresijo? ¿Habemus recesión o no?

G.G.: No hay recesión en los EE.UU. La desaceleración, desde ya, es evidente. La novedad, estas dos semanas, es que no queda claro que siga profundizándose. El giro de postura de los bancos centrales – a lo largo de marzo – debe obrar como un elemento estabilizador hacia el futuro. Repuntaron con fuerza las ventas de viviendas y la confianza del consumidor. Y la canasta de indicadores líderes – que es como la curva, un instrumento que anticipa - se ubica en los máximos históricos. Es un camino de cornisa, sí, pero la expansión continúa.

Dejá tu comentario