7 de julio 2023 - 00:00

“Waminix”: una aventura en el futuro sombrío

La obra, a cargo del Proyecto Migra que dirige Osqui Guzmán, combina la espectacularidad del circo con la intimidad del teatro.

Proyecto Migra. Osqui Guzmán y Leticia González de Lelis, al frente de la compañía.

Proyecto Migra. Osqui Guzmán y Leticia González de Lelis, al frente de la compañía.

“En la obra hay espectacularidad propia del circo e intimidad proveniente de lo teatral. Hay momentos hilarantes y otros poéticos”, dice Osqui Guzmán, quien junto a su mujer Leticia González de Lelis dirige al Proyecto Migra en “Waminix”, que se estrena mañana en El Cultural San Martín y tendrá funciones los sábados y domingos a las 19. La historia transcurre en un futuro distante y sombrío, mientras el espectáculo combina circo y teatro. Migra, compañía de artistas, productores y técnicos, fue fundada en 2015. Dialogamos con Guzmán.

Periodista: ¿Cómo imaginan ese futuro cercano?

Osqui Guzmán: La construcción de este universo es una distopía donde la historia de la humanidad ha fracasado definitivamente y en esa construcción se alza esta tiranía de los cabeza de tacho, que imponen un mundo para vivir sin pensamiento ni sentimiento. Los gobernados prefieren ser llevados por la moda o descuido a ser cabeza de tacho, o porque los obligan y se someten a eso. La comunidad Waminix son los pocos que conforman la resistencia, practican algunos rituales que tenía la humanidad antes de convertirse en esto. Los que gobiernan proponen un nuevo orden y los gobernados lo aceptan e intentan sobrevivir.

P.: ¿Cómo son los rasgos de estos personajes de fantasía?

O.G.: Los cabeza de tacho no son autómatas, son exhumanos que tienen en su cabeza un tacho de basura y viven de manera amenazante a todo aquel que no lo sea, controlando lo que hacen para que sepan que ellos están observando. Marchan todo el tiempo. Los Waminix practican antiguos rituales de los humanos como tener una mascota, está quien trae la ropa, la que relata historias, la que conoce designios del oráculo, como la hechicera, que puede ver y leer en una lengua extraña.

P.: ¿Cómo diseñaron el espacio de esta distopía teatral y circense?

O.G.: El espacio es vacío, estamos dentro de un planeta devastado, se ven rastros de cosas abandonadas, la comunidad Waminix se resguarda en una especie de torre que llevan de un lugar a otro. Creemos que esto transcurre en el planeta Tierra.

P.: ¿Cómo es la combinación entre circo y teatro?

O.G.: Invita a pensar en el circo contemporáneo, el tradicional ya no se estila, entonces al incorporar al teatro expone al espectador a una visión muy diferente del mundo a la que propone el circo. El circo es espectacularidad, es demostración de una habilidad, en cambio el teatro propone intimidad y en esa mezcla se debaten las escenas. Ese debate genera ficción, hilarante por momentos, graciosa, poética, performática, todo entra en esa mezcla como pequeñas partes de un modelo para armar. Cumple con rasgos del circo tradicional en tanto escenas o números y en la mitología de lo grandilocuente que tiene el circo se presenta esta torre y transcurren los personajes.

P.: ¿Sobre qué temas invita a reflexionar la obra?

O.G.: Las temáticas son variadas, el tacho donde va la basura, la basura en la cabeza, esa dialéctica nos dio risa. Esas temáticas nos sirvieron para la construcción del relato. La idea de un mundo devastado, qué pensamos del futuro y hacia donde vamos, presentando un futuro donde el “no hay salida” está muy presente. Pensamos cómo sería el camino de regreso de ese futuro distópico. Los gobernados y gobernantes, el manejo del poder como controlador de la individualidad de los pensamientos, de los propios sentimientos, como si fueran en detrimento del control que el poder quiere tener sobre las personas. Por eso es necesario guiarnos hacia lo que hay que pensar y sentir. Nos cuidamos mucho de no aleccionar ni bajar línea. Construimos en escena lo que quisiéramos que suceda con esos temas.

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