A la mesa (alegórica) con Nicola Costantino

Espectáculos

La nueva exhibición de Nicola Costantino, «La cena», que desde la semana pasada se exhibe en la galería Ruth Benzacar, comenzó la noche anterior al vernissage, cuando ante unos pocos invitados y en la pequeña sala del subsuelo donde se expone su obra, la artista realizó una teatralización y preparó una comida alegórica.

Algunos espectadores accedieron así a la culminación del proceso de gestación de la obra que se exhibe en estos días, y pudieron apreciar cómo se construye una obra de arte. Frente a la imagen fotográfica de una mesa de gran formato sobre la cual descansa una inmensa bandeja con los restos de un banquete, Costantino instaló una mesa (real) y preparó una auténtica cena (también real). La performance quedó documentada en un video y se proyecta durante la muestra.

Cargada de resonancias pictóricas, la teatralización de Costantino ostentaba las características de un «cuadro vivo», cuyos brillos, luces y sombras, evocaban los cálidos bodegones y las escenas más intimistas de la pintura flamenca.

El video que se grabó esa noche muestra a la artista bajo una luz dorada que recuerda la de Vermeer, envuelta en un vestido de seda color marfil, y acompañada por dos jóvenes ayudantes con rigurosos uniformes negros que servían la cena. Con la calma de las artesanas, pero con los gestos certeros y precisos de un artista, Costantino manipuló las carnes y ensaladas con forma de flores y las dispuso sobre unos rojizos platos de cobre.

En la penumbra de esa escenografía barroca, atendidos por esos personajes escapados de la historia de la pintura, los invitados, testigos obligados y privilegiados del quehacer de una obra de arte, devoraron literalmente «La cena». Costantino y sus ayudantes, como esas mujeres de Vermeer que bordan, limpian o tocan un instrumento, envueltas en una atmósfera que le brinda un cualidad sublime a cada una de estas escenas, representaron el trabajo del artista.

Antes de finalizar la performace, con un efecto teatral, la gran fotografía que domina la sala se abrió como si fuera un retablo, y apareció la imagen del cuerpo desnudo de Costantino sobre la bandeja. Esa figura yacente, estetizada, y utilizada como encarnación y metáfora del arte, se abre a las más diversas interpretaciones, desde el sacrificio hasta el halago de los sentidos.

La exposición actual consiste en las imágenes del retablo y el video, que al igual que la performance, deja a la vista que el sentido de una obra se construye a la par de un sofisticado quehacer, y que el arte, como esta cena de sabores extraños y bellísimas presentaciones, provoca un estado de encantamiento visual.

A partir de una esclarecedora metáfora, la artista dibuja una parábola perfecta y aparece ella misma en esa pintura escenificada. La magnífica imagen del cuerpo en la bandeja, está llena de resonancias que se remontan al arte del pasado, pero a la vez, su contemporaneidad tiene la fuerza de horadar el arte del porvenir.

Costantino, fiel a su temática, la carne, la piel, la comida y el cuerpo usado como herramienta de seducción, despliega su creatividad y su oficio para presentar una obra que se aleja de la violencia que hasta hoy caracterizaba su producción, y que celebra los enigmas visuales del arte.

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