25 de septiembre 2008 - 00:00

"Aaltra": comedia original e incorrecta

«Aaltra» es una comedia negra sobre el largo y curioso viaje en silla deruedas de dos lisiados, que revela tardíamente al público argentino a dosguionistas, directores y actores belgas que ya van por su tercer film.
«Aaltra» es una comedia negra sobre el largo y curioso viaje en silla de ruedas de dos lisiados, que revela tardíamente al público argentino a dos guionistas, directores y actores belgas que ya van por su tercer film.
«Aaltra» (Bélgica, 2004, habl. en francés, inglés, alemán y finés). Dir. y guión: B. Delepine y G. Kervern. Int.: B. Delepine, G. Kervern, I. Delepine, A. Kaurismaki, N. Godin, P. Carl, A. Kaurismaki.

La inclasificable ópera prima de los belgas Benoît Delépine y Gustave Kervern (guionistas, directores y protagonistas) se estrena en la Argentina a cuatro años de su realización y justo cuando el dúo está compitiendo en San Sebastián con su tercer film. Claro, a esta altura, las leyes de marketing no aconsejan apostar a una película en blanco y negro, filmada e interpretada por dos desconocidos que, encima, son decididamente independientes y se inclinan por lo llamado experimental. Como sea, «Aaltra» es una sorpresa que, aún con sus imperfecciones, merece verse sin prejuicios y, sobre todo, olvidando el concepto de comedia que hoy manda el «gusto popular». Algunas pocas imágenes prácticamente mudas bastan para darse cuenta del odio mutuo que se profesan los vecinos Delépine y Kervern, a todas luces dos perdedores, cada uno en su estilo: un gordo zaparrastroso que maneja un tractor y una especie de oficinista, que en un abrir y cerrar de ojos pierde mujer y trabajo al mismo tiempo. Cuando se produce el primer encontronazo físico, la sangre literalmente llega al río: una parte del tractor se les viene encima y los dos quedan paralíticos de la cintura para abajo. A partir de ahí, el destino los vuelve inseparables y el film se convierte en una curiosísima road movie en silla de ruedas. El gordo está decidido a llegar a Helsinki, por una razón que se descubrirá al final (simultáneamente al descubrimiento del realizador finés Ari Kaurismaki por parte de los muy cinéfilos, quienes tal vez también puedan detectar otros cameos). El otro, que tiene debilidad por las motocicletas, quiere ir por ahí cerca a presenciar una exhibición de motocross, pero no hay caso, todo se confabula para condenarlos a seguir unidos pase lo que pase.

Además de la gente de toda clase que van cruzando en su largo viaje desde el norte de Francia hasta Helsinki (un hilarante anciano que acaba de sufrir una embolia, dos familias igualmente caritativas en Alemania y en Finlandia, etc.), se ve a la pareja protagónica adquirir capacidades especiales como el garroneo, la mala fe, la rapiña, la traición, el uso y abuso de la piedad ajena, lo que se dice un dechado de incorrección que cuando no hace reír, deja con la boca abierta. Tanto es así que un bienpensante, que al conocerlos deja de serlo, les grita «¡Tipos como ustedes hacen quedar mal a los lisiados!»..

Pero no confundirse, ése debe ser el único gag con remate incluido de toda la película. El humor -negro, por si hace falta decirlo- de este grotesco de Delépine y Kervern es de situaciones, hecho muchas veces a base de cámara fija con gente entrando y saliendo de cuadro, la de por sí graciosa máscara impertérrita de los actores, y poquísimas palabras.

No será una película para todos los gustos, pero sí recomendable para los que disfrutan del cine mudo y de gente como los hermanos Coen y hasta nuestro Alfredo Casero.

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