6 de enero 2002 - 00:00
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Claribel Medina
Periodista: ¿A qué atribuye el auge de los formatos extranjeros? ¿Será porque son programas baratos?
Claribel Medina: Este no es nada barato, tiene mucha gente detrás y mucho costo de producción: hay autores, gente haciendo el casting porque no podés arriesgarte a que participe cualquiera. Han venido estudiantes de literatura, científicos, dibujantes, amas de casa expertas en crucigramas. Y como están las cosas en este país, no es un programa económico. Para cualquier productor que quiera trabajar en forma independiente la cosa no está nada fácil.
P.: ¿La crisis argentina no le hizo preguntarse por qué se fue de Puerto Rico?
C.M.: Se la rema como se puede. ¿A dónde nos vamos todos? ¿A España? En Puerto Rico y en todo el mundo está también muy dura la situación. Mi país está estable económicamente porque hace cien años que es una colonia norteamericana. La economía está destrozada a nivel mundial, acá es más grave, es cierto.
P.: ¿Qué le atrajo de «Pasapalabra»?
C.M.: Es un programa absolutamente familiar. Es para captar a gente desde 7 años hasta 80, tiene la particularidad de unir a la familia. Me llevé el casete a Puerto Rico para que lo vieran mis padres, pero una prueba fundamental fue cuando lo vieron mis hijas. Se engancharon y se mataron de risa, trataban de contestar.
P.: Hasta ahí no difiere demasiado de «El imbatible» de Susana Giménez o de «¿Quién quiere ser millonario?»...
C.M.: Con «Pasapalabra» se pueden aprender cosas raras. El juego de la palabra imposible es super difícil y sirve más para aprender cosas extrañísimas que para que el participante responda. Yo me aprendo nombres de peces, insectos. Hay tres autores argentinos que manejan tanto el léxico como el sentido del humor. Hay libros con los que me mato de risa.
P.: Entonces no es todo tan espontáneo, tiene que estudiar un libreto...
C.M.: Claro, me lo tengo que aprender porque debo ayudar al participante a que tenga velocidad conmigo, y si yo no sé lo que estoy preguntando, no lo puedo ayudar. Y son cosas difíciles realmente.
P.: ¿Cómo afecta la crisis a la televisión en particular?
C.M.: Se hace todavía más difícil porque todo lo que es ficción e invertir en programas es más un riesgo y la gente se retira. Cada vez son menos los actores que trabajan, los técnicos, los directores, los libretistas, en fin, es muy costoso hacer televisión.
P.: Pero dice que este programa de Tinelli es costoso ¿Cómo hace?
C.M.: Son cada vez menos los que producen y ganan mucho menos también. Cuando hay crisis hay dos opciones: o seguimos para adelante, te ponés las anteojeras y trabajás con optimismo o te dedicás a deprimirte y destrozarte por todo lo que te pasa.
C.M.: En este caso, creo que me convocaron porque soy auténtica cuando hablo, doy una imagen de «yo soy yo». No estoy tratando de actuar un personaje, porque como soy muy payasa en mi vida naturalmente, puedo jugar con eso.
P.: ¿Cree que la ficción local irá dejando el lugar a programas importandos o de formato extranjero producidos a nivel local?
C.M.: No creo que en la Argentina se detenga la ficción porque, a diferencia de Puerto Rico, al argentino le gustan sus actores, de verdad. Te puede ver una novela brasileña o venezolana, pero a la tres de la tarde, porque el público local ama a sus actores. Así, seguirá habiendo lugar para las telenovelas, unitarios y telecomedias locales. Creo que hay gente de avanzada en el país, actores, libretistas, directores muy talentosos. No será tan fácil sacar lo local del medio, después hay rituales de suerte, algunos trabajan más, otros menos.
P.: A veces los «históricos» se sienten marginados de la vorágine televisiva actual.
C.M.: Eso ocurre en cualquier profesión. En la actuación también hay renovación, no tienen nada que ver las telenovelas del '80, del '90 o del 2000. Y en el ámbito estético es necesaria la adaptación, la televisión actual tiene técnicas de edición diferentes a las del pasado.

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