«¡Al ataque!» (Al' attaque!, Francia, 2000, habl. en francés.) Dir.: R. Guédiguian. Guión: J. L. Milesi, R. Guédiguian. Int.: A. Ascaride, P. Banderet, J. Piellier, D. Podalydés, F. Bonnal.
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Dos hombres discuten el libreto de una próxima película, y a veces lo que uno de ellos propone surge ante los ojos del espectador -hasta que el otro se lo cambia o refuta. El esquema reconoce sus antecedentes, pero en este caso el chiste es otro: se trata de una comedia social sobre cómo hacer una comedia social.
Para el caso, están discutiendo cómo desarrollar el conflicto entre una familia de mecánicos de un pueblo provenzal, y el jefe de la sucursal bancaria que los tiene locos. Y causa gracia, entonces, ver cómo al mismo tiempo se plantean asuntos de compromiso político y de entretenimiento cinematográfico, y se ve a los libretistas imaginando escenarios desde el jardincito del fondo, calibrando si conviene meter ciertos parlamentos, o es mejor agregar los toques de sexo, risas y final feliz que el público reclama, mientras los personajes toman vida propia y se les van de las manos, y acaso terminen haciendo su propio final feliz, un poco ajeno a las convenciones del caso, pero no tan ajeno a la realidad como ocurre en otras películas.
• Disfrutable
La película tiene su mordiente, que puede disfrutar cualquier espectador, y no sólo la gente de cine, que acá, por supuesto, tendrá su disfrute particular. Pero la disfrutarán mejor quienes identifiquen a su autor, el marsellés Robert Guédiguian, hijo de un obrero portuario dedicado desde siempre a escribir cariñosas historias sentimentales de gente común, gente de trabajo, con sus orgullos, ternuras, mali-cias y dolores -y cómo seguir adelante pese a todo.
Vale decir, las discusiones que vemos en «¡Al ataque!» no son otras que las del mismo Guédiguian con su habitual libretista Jean-Louis Milesi, revelando, de un modo indirecto, los problemas y pla-ceres de escribir, no tanto la hermosa «Marius y Jeannette», que sigue siendo lo mejor que han hecho, sino otras obras también señalables, como «Dios vomita a los tibios», «El dinero hace a la felicidad», y «A pleno corazón». No es habitual que un chef y su ayudante nos muestren las internas de su cocina. Igual, siempre nos va a interesar más el plato terminado.
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