Agradable y liviano romance otoñal

Espectáculos

«Elsa & Fred» (Argentina-España, 2005, habl. en español). Dir.: M. Carnevale. Guión: M. Carnevale, L.A. Martin, M. Guerty. Int.: Ch. Zorrilla, M. Alexandre, R. Carnaghi, B. Portillo, J.A. Egido, G. Urtizberea, F. Luppi, C. Alvarez Novoa, O. Muñoz.

Pudo ser más incisiva, pero hace pasar un rato agradable esta comedia romántica «de la tercera edad», ambientada en Madrid. Allí vive Elsa, animosa octogenaria que tiene dos hijos grandes (uno artista y otro que se hace cargo), un auto (que ella maneja mientras oye música y habla por celular) y, pequeño detalle, un novio en la mira. En efecto, la señora se quiere enganchar a su nuevo vecino don Alfredo, un elegante septuagenario recién enviudado.

Doña Elsa vive su amor como una adolescente, pero con la cancha de una veterana bien piola y manejadora. En cuanto al hombre, se nota que toda la vida lo manejaron la mujer y el jefe de la oficina, y ahora que está viudo y jubilado lo patronea la hija. Cuyo marido también es manejable, sólo que con otro tablero de mandos, porque se cree vivo (y el nieto es igual, y encima ortiva). Pero doña Elsa quiere manejar a don Alfredo para su bien, y lo logra.

Así, gracias a ella, la depresión y las píldoras desaparecen de la casa del hombre. También desaparece un perro faldero bastante cargoso, pero no queda claro si lo tiró a la calle, o se descuidó la producción. En cambio aparece un gatito «piccolino, quasi bianco», porque la pareja ya está en Roma, viviendo un sueño de juventud: hacer lo mismo que hacían Anita Ekberg y Marcello Mastroianni en la Fontana de Trevi. Ah, sí, los gustos hay que dárselos en vida. Hablando de eso, otro pequeño detalle: lo que en verdad ella tendría que hacerse es una hemodiálisis. Bueno, de algo hay que morir. Pero antes hay que saber vivir, y ésa es la moraleja de esta película.

Marcos Carnevale
sabe filmar. Véase, por ejemplo, su manejo de los volúmenes según cuál de los personajescuide al otro, cómo sugiere un circunstancial vacío entre ambos, y qué fiel homenaje le rinde a Fellini en la pantalla (aparte del que le rinde en el título). Pudo ser más incisivo, es cierto. Pero éste es su acuerdo con el público: gratificantes actuaciones de China Zorrilla y Manuel Alexandre (prócer del cine español), conflictos controlados (o esquivados), lindas vistas de Madrid y Roma. Como para salir bien de ánimo, y punto.

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