La galería Miranda Bosch acaba de inaugurar la muestra de pinturas y videos “Algo de lo que cruza el tiempo”, de Agustín Sirai (1978). El punto de partida del artista son las pinturas de los viajeros que llegaron a Latinoamérica en el siglo XIX, obras que ofician de estímulo visual y movilizan su imaginación. Así elabora sus propios paisajes. En el proceso se destacan, en especial, las influencias del naturalista suizo Adolf Methfessel y la del pintor y dibujante alemán Johann Moritz Rugendas, autores, ambos, de bellos y misteriosos paisajes decimonónicos. Sin embargo, el tiempo de las pinturas de Sirai es, definitivamente, la contemporaneidad. En algunos paisajes se advierten condiciones, como el tamaño reducido de los árboles, las malezas y otros elementos, que les brindan a las obras un espíritu juguetón. Esta misma cualidad se reitera en el interior del taller donde aparecen pequeños pomos de pintura y otros objetos desparramados por el piso. El orden se contrapone al desorden, pero perdura la intención del juego. Entretanto, estampadas en las paredes están las huellas de las pinturas que han pasado por el taller antes de llegar la exhibición. Una mirada incisiva percibe que un cuadro que se encuentra colgado en la pared del taller, es el mismo que integra la exposición. Sirai renueva con humor el viejo diálogo del cuadro dentro del cuadro.
Agustín Sirai: lo eterno en lo contemporáneo
El punto de partida del artista son las pinturas de los viajeros que llegaron a Latinoamérica en el siglo XIX, obras que ofician de estímulo visual.
-
Excarcelaron a los acusados de suministrarle drogas a Liam Payne antes de su muerte
-
Emilia Mernes rompió el silencio: "Las diferencias que haya tenido con mis colegas las hablé en su momento"
Agustín Sirai. “Sin título”, óleo sobre tela, 60 cm. x 100 cm.
Si bien las pinturas tienen una elaboración lenta y laboriosa en extremo, lo curioso del caso es que en el tratamiento de una misma obra coinciden la pincelada suelta que remite al expresionismo, generalmente utilizada en los bosques, y un demorado tratamiento hiperrealista que predomina en la visión de los pequeños motivos, como una serie de árboles parcialmente destrozados. La perspectiva también se percibe alterada y el propio artista menciona a Cándido López, sin duda por el punto de vista de altura de sus batallas. El punto de vista de Sirai se asemeja en varios paisajes al de López y nada cuesta comparar el tamaño de los árboles con los soldados diminutos. Ahora, bien, ¿cómo se conjuga en las obras este mix? Para comenzar, el artista ha logrado un estilo personal. Luego, el texto que acompaña la muestra, escrito por Federico Ruvituso, explica el método: “El procedimiento de colisión para ensayar imágenes es muy antiguo: antes del plenair, del artista copiando del natural una vista desde un monte, existió una forma acordada de plagio en la factura del arte que algunos historiadores llamaron tradición. Entonces un paisaje se hacía de retazos de paisajes anteriores, una ciudad de otras ciudades, una montaña de otras montañas, un río era todos los ríos”. De este modo, la libertad para utilizar el arcón que contiene las pinturas de toda la historia del arte, le permite a Sirai crear un collage con diversas visiones. Y en las pinturas de grandes montañas, su aporte no es menor: desdeña la línea del horizonte. El paisaje provoca una suerte de extrañamiento y le exige al espectador distraído una mirada incisiva. El tiempo del exotismo y la maravilla de los pintores viajeros ya pasó y, aunque no se ha perdido el deseo de buscar la belleza, el atractivo del arte actual reside en las alteraciones que ponen a prueba el ojo del espectador. El taller del artista tiene ventanales altos, inaccesibles para mirar hacia el exterior. El paisaje y el arte están en la mente y también en las pantallas.
El tiempo del confinamiento generado por la pandemia favoreció una producción ligada a los grandes maestros y, a la vez, a los últimos aportes de la tecnología. Hay dos videos en una salita y el artista explica que trabajó con la ambición de crear imágenes que, a partir de sus propias pinturas, cambiaran muy lentamente sus formas sin perder estilo. La realización de estas obras las ejecutó con el programador Felipe Sánchez. “Es un algoritmo que hace lo mismo que yo hago, combina fragmentos de pinturas, míos y de otros autores. Así se generan imágenes nuevas que son producto de la mezcla y el resultado es un proceso abierto”. Un algoritmo, un procedimiento sistemático para resolver un problema, compone en este caso la obra y crea formas nuevas. Si bien el deseo inicial del artista fue lograr una sucesión cambiante de paisajes que represente la idea del infinito, los videos poseen una duración de dos horas y de modo imperceptible el loop vuelve a comenzar. La sensación del infinito está presente, pero el procedimiento demanda una serie de reglas finitas y bien definidas para alcanzar finalmente la solución esperada.




Dejá tu comentario