20 de agosto 2004 - 00:00
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Un homogéneo grupo de bailarinas interpreta «Mujeres de la luna», espectáculo que evoca el cruento episodio de 1911 que dio lugar a la institución del Día Internacional de la Mujer.
No es habitual que un espectáculo estructurado alrededor de un puñado de «palos» del flamenco andaluz apunte, además, a la denuncia de ciertas formas de la intolerancia y del sometimiento de la mujer. Esto es lo que ocurre en «Mujeres de la luna», un espectáculo de baile y cante flamenco que narra la matanza en la Nueva York de 1911 de un grupo de obreras textiles que reclamaban por sus derechos y fueron encerradas y quemadas vivas en la fábrica en la que trabajaban. El Día Internacional de la Mujer se instituyó como homenaje a las víctimas de ese episodio.
«Mujeres en la luna» propone una relectura de los hechos. En tres secuencias («Fábrica», «Burdel» y «Fábrica»), la coreógrafa Adele Taormina relata el argumento con pequeñas subsecuencias, que llama movimientos, pero no son más que los famosos «palos». Tarantos, soleares por bulerías, bulerías, tangos, romeras, guajiras, seguiriyas, tientos y fandangos reflejan con su energía, la belleza del movimiento, la expresividad de manos y brazos y la fiereza de las miradas, ese mundo excluyentemente femenino en busca de justicia y libertad. Un homogéneo grupo de bailarinas encabezado por las notables Gabriela Balado, Fabiana Pouso, Alejandra Soto, Laura Casal y Claudia Bauthian (quienes también colaboraron en las coreografías) ponen en acción estas ideas, acompañadas en el baile y el cante por Maricruz Utrera y por Darío Rojas en el poco grato rol del patrón asesino.


