5 de marzo 2003 - 00:00

"Alemania fue criminal, pero también padeció"

Günther Grass
Günther Grass
Madrid - El escritor alemán Günther Grass presentó en Madrid su nueva novela, «A paso de cangrejo», donde narra, con personajes de ficción, la trágica historia del hundimiento, en 1945, de un buque abarrotado de refugiados alemanes (entre otras muchas personas, murieron 5.000 niños) por un submarino soviético.

Ya en «El tambor de hojalata» y en «Años de perro», Grass (1927), se refirió de pasada al trágico hecho que ahora narra en detalle. El relato comienza el 30 de enero de 1945 en un mar plagado de cadáveres flotantes. Un submarino soviético hunde al buque alemán Wilhem Gustloff, que alejaba de la guerra a miles de refugiados alemanes de la Prusia oriental, que fue invadida por el ejército rojo. El Nobel alemán rememora como la brutalidad del avance comunista provocó un éxodo masivo.

Sobre el drama del hundimiento del Wilhem Gustloff en el Báltico, se han barajado cifras de muertos que oscilan entre los 6.100 y los 10.600. Sobre los sobrevivientes, las cifras también son cambiantes: entre 900 y 1.239. Muchos consideran que fue el mayor desastre naval del siglo XX.

En «A paso de cangrejo» el famoso escritor, poeta y artista plástico hace confluir tres biografías: la del funcionario nazi alemán Wilhem Gustloff, la de un estudiante de medicina judío y la del capitán del submarino ruso que hunde el barco alemán. Una vez más Grass ha levantado una gran polémica en su país al hablar de un tema tabú y, en la semana de lanzamiento, su obra vendió unos 400 mil ejemplares.

Grass
presentó además «Cinco decenios», donde narra 50 años de su vida, desde sus comienzos como picapedro en Düsseldorf, en 1946, hasta que, en 1999, recibió el Nobel en Estocolmo.

Periodista: ¿Por qué una novela y no un libro de investigación?

Günther Grass: Hay documentación en grandes cantidades, pero el material no se acercaba a la esencia. Necesitaba un flujo narrativo para describir la vida de tres personajes e integrarlos en la historia de la gente. Quería hablar del nacional socialismo desde sus principios hasta su caída.


P.:
¿Ha esperado demasiado para abordar esta historia?

G.G.: 40 años. Tuve dificultades para novelarla. Ahora lo he hecho a través de una mujer que la vivió, su hijo, de unos 50 años, y el hijo de éste, un ultraderechista. Tenía que contarla. Alemania fue criminal, pero también sufrió.

P.:
Las palabras finales del libro «No cesa. No cesará nunca», dejan un sabor a desolación.

G.G.: Es la realidad. Somos criminales de repetición.


P.:
Quiénes cometieron mayor cantidad de crímenes: ¿los nazis o los comunistas?

G.G.: Ambos bandos cometieron las mismas barbaridades.


P.:
¿En el titulo el cangrejo indica que se camina hacia atrás?

G.G.: Lo he observado en diversos países y lo hace de forma oblicua, pero avanza bastante.


P.:
En su novela plantea la sinrazón de las guerras, pero siempre hay alguna por alguna parte.

G.G.: Creo que la razón es que se da más importancia a los que materialmente tienen la riqueza, el poder. Ahora lo que está en juego es el petróleo, de modo que prima, sobre la razón, las razones económicas. Pero gracias a Dios hay países como Francia y Alemania, que han sacado consecuencias de las guerras y no andan a la ligera. Las guerras preventivas están prohibidas por la ONU, pero se está dispuesto a violar ese mandato. Los EE. UU. quieren destruir ahora las armas que le vendieron a Sadam. Un detalle de «A paso de cangrejo»: el submarino soviético fue construido en Alemania y vendido a la URSS. El mercado de las armas es una locura.


P.:
¿No cree que a pesar de los pesares el mundo mejora?

G.G.: En efecto, la concienciación popular es impresionante y se muestra en manifestaciones en toda Europa.


P.:
¿A qué se deben estas actitudes de los pueblos?

G.G.:Al progreso inmenso que entraña el uso de la democracia, que se ha intensificado en muchos países. No obstante, los movimientos espontáneos deben sistematizarse. En Leipzig, antes de la caída del Muro, había cada lunes una manifestación contra el comunismo. Ahora se está haciendo de nuevo con motivo de la guerra contra Iraq. Los manifestantes siguen el mismo recorrido que hace ya bastantes años.


P.:
Ser un escritor comprometido con la actualidad, ¿tiene precio?

G.G.: Equivale a sentarse entre dos sillas. Te agreden, te critican... Pero el compromiso se refleja a través de la historia de la literatura: Ovidio,Aristóteles... La literatura siempre está contra el poder y es objeto de persecución por su parte. Pero, ¿qué quiere?, así entiendo mi trabajo. Además, la literatura no está sola. «Los Caprichos», de Goya, quisieron ser requisados por la Iglesia, pero el Rey lo impidió. Siempre he pensado que mi tarea no era contar historias de personas que están en el poder, sino las de los que han vivido la historia como algo inevitable, los que quedaron en el camino, los que no dejaron documentos, los que sobrevivieron en silencio y no han tenido a un historiador que cuente los dramas por los que han pasado. No me considero una «conciencia moral», lo único que hago es cumplir con mi deber como ciudadano y literato. No encarno la conciencia de nadie. Rechazo ese papel.


P.:
¿El Grass escritor es inseparable del Grass artista o el pintor es autónomo e independiente?

G.G.: Mi creatividad es una constante e interactiva relación entre la palabra y la línea. El primer ejemplo de esta relación es mi poesía: muchos de mis versos han surgido de dibujos.

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