10 de junio 2005 - 00:00
Alexandr Sokurov, cineasta de los tiranos del siglo XX
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Tras la muerte
de Tarkovsky,
Alexandr
Sokurov reina
en el hoy poco
difundido cine
de calidad ruso.
Con «El arca
rusa» llegó al
reconocimiento
internacional.
Periodista: ¿Todavía perdurala dificultad histórica de ser cineasta en Rusia?
Alexander Sokurov: Ser cineasta no es fácil, sobre todo si uno se guía por principios artísticos, pero no únicamente en Rusia.
P.: Después de haber realizado películas sobre Hitler, Lenin e Hirohito, ¿no le interesan también las figuras de Franco o Fidel Castro?
A.S.: Lo cierto es que no siento especial interés ni por Franco ni por Fidel Castro, y desde luego no me interesan en el contexto de la creatividad cinematográfica. «El sol» es una obra de ficción, no un documental. Esto también marca la diferencia entre la imagen de Hirohito que se perfila de la imagen del personaje real.
P.: Su cine reivindica la influencia de la pintura por encima de cualquier otra actividad creativa, ¿por qué?
A.S.: Los pintores son los primeros y únicos creadores de un mundo diferente que el del creado por Dios. Poseedores de una gran educación, de una gran erudición, cada uno de sus cuadros nacen también como resultado de un gran aprendizaje del oficio. Sin duda aprendo de ellos. Estos maestros son numerosos: Rembrandt, El Greco, Turner, los románticas alemanes, Hubert Robert.
P.: ¿A qué cineastas consideraesenciales para la evolución del cine como forma de arte?
A.S.: Bergman es sin duda una grandísima figura del cine mundial. También quiero citar el nombre de Dovzhenko. Todos los demás, en cierto sentido, repiten o amplían lo que descubrieron estos dos cineastas.
P.: ¿Cómo ve el futuro del cine?
A.S.: El futuro del cine depende de la posibilidad de que a él se dediquen las personas que aman la literatura por encima de todo. Todas las grandes películas estarán en manos de aquellos cineastas que pongan a la literatura por encima del cine. Aquellos que se consideren discípulos de los grandes clásicos de la literatura universal.
A.S.: Desde mi punto de vista no tiene sentido hablar de la «identidad del cine europeo». La identidad o lo que prefiero llamar «lo individual» puede referirse sólo a la creatividad de un artista, y esto poca relación tiene con el factor geográfico. No obstante, el elemento que más destaca en el retrato individual que puede ofrecer un artista es el aspecto nacional de su obra, el de la tradición cultural a la que pertenece. Es algo a lo que generalmente el artista no puede escapar. El arte se compenetra muy difícilmente con el espíritu cosmopolita. El cine europeo actual debe de seguir los valores vitales y artísticos de la tradición europea, y no los modelos norteamericanos. Los norteamericanos no tienen nada en el trasfondo. Nosotros, en Europa, condensamos el mundo entero. Lamentablemente, puedo citar pocos directores del cine europeo que me interesan, aparte de Lars von Trier y Peter Greenaway.
P.: Usted ha declarado en alguna ocasión que «el cine todavía está lejos de ser una forma de arte». ¿Qué cree que falta al cine para alcanzar la categoría de arte? ¿Qué diría de títulos como «Ordet», «Les enfants du Paradis», «Un perro andaluz», «Solaris»?
A.S.: Entre los muchos centenares de títulos cinematográficos como los que menciona se encuentran, sin duda, algunos que claramente siguen los principios de la creatividad artística. Sin embargo, esto es más bien la excepción que la regla.



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