Así comienza adornando una luna de espejo con una lánguida rama de hojas realizadas con trozos de azulejos y lo que sigue es un delirio de creatividad. Con unas pocas pinturas y materiales descartables como cuerina, maderas, fórmica, alambres, cerámicos y cartones, el abuelo da rienda suelta a su imaginario y llena la casa de pequeños trenes, vías, carnavales, murgas, flores, barcos y paisajes que hoy escalan al status de «obras de arte» gracias a la excelencia del montaje, la originalidad del planteo teórico y la valoración estética de los curadores.
En las paredes de la sala del Rojas se reprodujeron en grandes planos los colores de la casa, el verde típico de los patios argentinos, el celeste de la bandera, el blanco y el rosa sobre los que lucen los coloridos trabajos de
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Durante la década del 90 y en su papel de curador del Rojas,
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