26 de noviembre 2007 - 00:00
Amplia retrospectiva de Oscar Bony en el Malba
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«Oscar Bony-El mago» recorre la cambiante obra del artista de 1965 a 2001, desde sus primeras filmaciones en 16 milímetros de los 60, hasta la violencia (foto) que aflora contundentemente en los 90.
Pacheco observa que el artista tuvo la rara facultad de reinventarse, de volver a aparecer como «otro Oscar Bony provisorio». De este modo, con una nueva identidad, rescató su oficio de fotógrafo y creó con sus imágenes la estética y el imaginario del rock nacional, el de Almendra, Manal, Los Gatos, Tormenta, Nacha Guevara y hasta el de Palito Ortega.
En 1974 regresó al arte y pintó unas series de cielos y de flores inmensas, que traen el recuerdo de las de Georgia O'Keeffe, obras donde resulta difícil reconocerlo. Poco después, oscilando siempre entre la sensibilidad poética y la violencia, realizó y exhibió unas estupendas y sensuales fotografías de desnudos, algunos de lesbianas y travestis. Lo acusaron de vender pornografía, y en 1977 decidió irse del país. Primero viajó a España y luego a Milán, donde residió 11 años, participó de la transvanguardia italiana, ocupó un lugar en las muestras históricas de esta tendencia, y en 1982 fue invitado a la Bienal de Venecia.
El curador Giancinto Di Pietrantonio, que en 1988 destacaba la «soltura para pasar de un estilo a otro» y la «habilidad para el transformismo» del artista, investigó para la muestra del Malba la trayectoria italiana.
Como prueba del eclecticismo que recién abandonaría casi al fin de su vida, ya instalado en Buenos Aires Bony presentó «De memoria», una serie de instalaciones realizadas con objetos y fotografías de su familia y de su infancia, rescatadas de su extenso archivo personal. Las imágenes, en nostálgico color sepia, ampliadas y colocadas en grandes marcos junto a los objetos que aparecen en la foto, como una camisa recién planchada o una pala, y traen reminiscencias del arte povera, pero con un tono más melancólico que conceptual. El intento de volver el tiempo atrás para atrapar el pasado en imágenes amplificadas, resulta infinitamente triste.
La violencia por momentos contenida de Bony, aflora en la década del '90, en los «Objetos de amor y violencia», « Suicidios» y «Fusilamientos», unos cuadros cuidadosamente enmarcados y perforados a balazos con los vidrios astillados. Estas series desembocan en «El triunfo de la muerte», donde los autorretratos del artista son el blanco de los disparos. El tema de la muerte que ronda estas obras, aparece en las imágenes de una góndola que navega por el Gran Canal de Venecia y carga con la simbología de un ataúd y una parturienta que amamanta su bebé. «El límite», tema y problema de Bony, es el título de esta video performance que el artista registró como infiltrado en la Bienal de Venecia de 1995.



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