16 de noviembre 2004 - 00:00

Ana Belén-Víctor Manuel reiteraron sus fórmulas

Ana Belén y Víctor Manuel. Con M. Díaz Rodríguez (teclados), D. San José Cuesta (teclados, coros), A. Zulueta Cuadrado (percusión), A. Gómez Toledo (guitarras), F. Urchegui Eguzcue (trompeta), A. Crespo Dueñas (batería), J. Saiz Martínez (bajo), F. Ruiz Muro (trombón) y M. Ulrich Prittwitz (saxos). (Luna Park, 12 de noviembre.)

Aunque, además de ser un matrimonio, vienen compartiendo el escenario desde hace muchísimo tiempo, Ana Belén y Víctor Manuel tienen historias musicales diferentes. Ella ha sido siempre una intéprete prolija, de voz bien timbrada y, como actriz que es, de potente presencia en escena. El formó parte de aquella corriente comprometida de cantautores españoles, como Patxi Andión, Joan Manuel Serrat y otros. Ana es la que tiene más convocatoria y la que seduce al público que, en este caso, alcanzó para mostrar un Luna Park prácticamente colmado. Víctor es autor de muchos temas emblemáticos, como «Asturias», «Mi abuelo Víctor», «España camisa blanca», «Sólo pienso en ti»; y aunque sigue intentando reflejar y cuestionar la realidad con sus nuevos temas (por caso, «La doble muerte de Juan Diego» o «El club de las mujeres muertas», ambas de su más reciente disco, «El perro del garage»), no llega a la profundidad poética y musical de antes. El punto de encuentro de ambos ha sido el pop. Y allí es ella la que más gana. Ahora, Belén está presentando un nuevo disco dedicado a las cancionesitalianas, pero no faltan en su lista de temas clásicos de su repertorio como «Lía», que sigue siendo su interpretación más lograda. Víctor Manuel, en cambio, pierde con un envoltorio de banda internacional, excesivamente luminoso para sus canciones y con ritmos marcados que no dejan espacio para el lucimiento de su voz aguardentosa y expresiva. Por el contrario, la potencia del grupo musical y los arreglos convencionales lo transforman en un cantante intrascendente. En este concierto, ambos se repartieron el tiempo del escenario y en muy pocos momentos compartieron micrófono. Pasaron, cumplieron con lo esperado, repitieron una fórmula conyugal que le cae simpática a la gente y dejaron poco para el recuerdo.

R.S.

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