25 de enero 2002 - 00:00

Ana Padovani da voz al terror

Ana Padovani
Ana Padovani
(25/01/02) «La voz del terror», sobre cuentos de E.A. Poe, H. Lovecraft, W. Allen, N. Marshall y otros. Int.: A. Padovani. Dir.: C. Hochman. Esc. y vest.: J. Ascar. Dir. de sonido: S. Feinsilber. (La Casona del Teatro.)

Ana Padovani es una auténtica especialista de la narración oral que exhibe un ajustado dominio de esta disciplina destinada a entretener al público y a atrapar su atención mediante el suspenso, la anécdota divertida o el final inesperado.

En su extensa trayectoria, la actriz ha hecho acopio de las historias más variadas (cuentos de amor, eróticos, judíos, humorísticos, para mujeres, etcétera) siempre respaldada en grandes autores de la literatura universal. Pero en su último espectáculo «La voz del terror» (estrenado el año pasado en el Teatro Nacional Cervantes y ahora repuesto en la Casona del Teatro), Padovani no sólo recurre a uno de los géneros de mayor lucimiento en la narración oral, también demuestra un notable crecimiento en lo que se refiere a dominio escénico con respecto a sus espectáculos anteriores. Apuntalada por la dirección de Claudio Hochman, la actriz logra multiplicarse en diversos personajes que a su vez se entremezclan en diálogos y situaciones de apreciable complejidad.

Entre los textos elegidos figuran: «Los espíritus de la muerte», de Edgar Allan Poe; «El hombre de la arena», de E.T.A. Hoffmann (recreado por Padovani en una versión mucho más breve que el original); el excelente relato de William Jacobs, «La pata de mono»; «En la cripta», de H.P. Lovecraft; y «La lengua», de Horacio Quiroga.

Mezclas

Como bien puede apreciarse, se trata de una valiosa antología del cuento de terror que Padovani decidió matizar con algunos acertados textos humorísticos («Cómo hacer para acabar con las historias del Conde Drácula», de Woody Allen; «Una visita al cementerio», de Niní Marshall) y un sketch sobre «Jack el destripador» en el que la actriz interpreta al asesino y a sus víctimas (prostitutas de distintas nacionalidades) mediante la técnica de grammelot. Este antiguo recurso difundido en la Edad Media por trovadores y juglares consiste en imitar la fonética de distintas lenguas extranjeras simulando un discurso coherente con palabras inexistentes.

«La voz del terror»
cuenta además con la muy adecuada escenografía de Julieta Ascar cuya funcionalidad permite que una simple caja de madera de paredes rebatibles sugiera diversos espacios domésticos y hasta una siniestra cripta en la que acecha lo desconocido.

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