Paul Auster «La noche del oráculo» ( Barcelona, Anagrama, 2004, 257 págs.)
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Paul Auster elige como título para su novela, «La noche del oráculo», el de una obra inédita de la supuestamente olvidada novelista Sylvia Maxwell que su personaje, Sidney Orr, lee mientras se recupera de una enfermedad (un fracaso de su salud) e intenta escribir una novela (que fracasará) y superar las preocupaciones de una intrigante vinculación amorosa que podría mantener su esposa y hacer fracasar su matrimonio.
Con criterio cervantino, Auster trama en forma arborescente, no sólo una novela dentro de la novela, sino numerosas historias, esbozos de otra novela, de un guión de cine, de cuentos, de anécdotas. La tensión creada por el estilo de novela policial hace que el lector no se pierda en ningún momento y entre en el cosmos, múltiple, variado como la vida misma, del escritor narrador, siempre marcado por esas leyes del azar que son una de las fórmulas del escritor norteamericano, que pareciera llevar a las ficción las ideas sobre los sincronismos de Karl Gustav Jung. Fácil es ir descubriendo los guiños que el autor de « Leviatán» hace a sus seguidores: las descripciones de Nueva York, los juegos referenciales a sus obras anteriores y a su labor de cineasta y guionista, los diálogos implícitos con ensayos de Jorge Luis Borges sobre el tiempo o el azar, o con la poética de Fernando Pessoa. Pero, son guiños, y Auster lo sabe y los juega así; no afectan al lector que quiere conocer de la vida de su personaje, ese que acaba de superar una tragedia y se encontrará con muchas otras, algunas dramáticas, otras banales.
La novela de Auster es una admirable historia sobre la relación esencial entre artista y fracaso. En un nota a pie de página, en la página 193, recuerda que Samuel Beckett ha dicho que «ser artista es fracasar, que nadie más fracasa así, que el fracaso es su mundo». Las historias que cuenta Auster, que lee o escribe su personaje, son relatos de fracasos, salvo la propia de Sidney Orr, donde Auster muestra que lo que se supone un fracaso pueder dar lugar a la comprensión y el perdón. Máximo Soto
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