Eric-Emmanuel Schmitt «El hijo de Noé» (Barcelona, Anagrama, 2005, 149 págs).
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En Bélgica, en 1942, en medio de las persecuciones antisemitas de los nazis, Joseph, un niño judío es entregado por sus padres a los condes de Sully, para que lo cuiden hasta que pase el peligro. Al poco tiempo, acosados por la policía, dándose cuenta que no puede guardar a Joseph, los condes se lo entregan a un sacerdote, el Padre Pons, que diluye la identidad de los niños judíos entre los pupilos de un internado católico. Si bien Joseph debe ocultar su nombre, su historia y aprender los Evangelios, mantiene sus tradiciones judías gracias a ese cura, que ha construido una sinagoga secreta en los sótanos de una iglesia. Cincuenta años más tarde, Joseph recordará: «No hay nada asimilable en el Holocausto y ningún mal puede compararse a otro mal, pero cada vez que un pueblo, en la tierra, se veía amenazado por la locura de otros hombres, el Padre emprendía la tarea de salvar los objetos que eran el testimonio del alma amenazada y los resguardaba en su arca de Noé».
El apólogo «El hijo de Noé», sobre los chicos escondidos del nazismo, forma parte de la tetralogía «Ciclo de lo invisible» de Eric-Emmanuel Schmitt, donde trata -a partir de la relación de un niño con un adulto- sobre el budismo, el cristianismo, el islam y el judaísmo en breves novelas, a veces excesivamente sentimentales, que muestran la posibilidad de la convivencia y que las religiones son, fundamentalmente, una honrosa manera de vivir. Schmitt, doctorado en filosofía, es un consagrado dramaturgo y narrador francés que vive en Bélgica, sus obras han sido interpretadas, entre muchos otros, por Alain Delón, Donald Sutherland y Charlotte Rampling. Máximo Soto
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