Alfonso Castillo, de la serie "Especie en Extinción", fotografía en blanco y negro. El artista es especialista en maniquíes y máscaras.
La feria «Expotrastiendas», que se exhibe en el Centro de Exposiciones y se puede visitar hasta mañana, convocó al público masivo durante una semana colmada de actividades y vernissages. En los espacios neutros que estrena este año, la novedad es el lugar privilegiado que ocupa el diseño: a los tradicionales pañuelos y corbatas con motivos realizados por artistas, se sumaron varios joyeros.
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Está Nora Correas con sus inconfundibles collares y pulseras barrocas, y otros jóvenes que trabajan la plata. Luego, el stand de la tejedora catamarqueña Manuela Rasjido, ostenta un encanto especial con sus creativos diseños, en primer lugar por el riguroso respeto a los materiales originales de su región, y luego, por una fantasía que encaja con el gusto universal. En la cuarta edición de esta feria se advierte un mayor cuidado en el montaje, y se destacan algunas instituciones por la calidad de sus presentaciones, como el Complejo Cultural Santa Cruz, el Centro Cultural de Cooperación y la Fundación Osde, con el buen premio Rioplatense que ganaron Ananke Asseff y el uruguayo Diego Lev.
Predomina un arte accesible y pesificado, la pintura como lenguaje y más que nada obras contemporáneas, porque este año faltaron a la cita las galerías que trabajan los grandes maestros, aunque hay trabajos de Batlle Planas, Juan Carlos Castagnino y Luis Menghi. En estos días, y casi llegando al cierre, el tema clave para los organizadores de la feria, Alvaro Castagnino, Pelusa Borthwick,Alfredo Cataldo, Osvaldo Centoira y Aldo de Sousa, continúa siendo la búsqueda de excelencia, que es la mejor estrategia para conquistar credibilidad, compradores y visitantes.
En la marea de arte de la feria, las mejores obras están concentradas en galerías como Archimboldo, que presenta las impecables pinturas de Mercedes Esteves, dibujos de Delia Cancela y el ya clásico grupo Escombros; en Castagnino & Roldán, con las esculturas de Luis Wells y las pinturas de Juan Lecuona y Remo Bianchedi; en el espacio institucional dedicado al grabado, donde están los trabajos de Ana Noya, María Eugenia Barrios y Patricio Bosch, y en Centoira, que muestra tres imperdibles collages de Mildred Burton, y las dramáticas pinturas en blanco y negro de Diana Dowek. Consagrada en exclusividad a la fotografía, la galería Arte x Arte, muestra una interesante serie de Alfonso Castillo que retrata maniquíes, y aborda de este modo el tema de las máscaras.
• Monotonía
Los espacios emergentes no logran -como lo hicieron otros años-, romper con la monotonía estilística que campea en gran parte de la megamuestra. Las pinturas, ya sean abstractas o figurativas, comparten un aire de familia difícil de definir que tiende a igualarlas. En algunos casos se trata de un planteo o estilo similar que algunos definen como «esquema Praxis», asociándolo al excelente oficio de las obras de la galería, donde predominan los colores tierra de Iturria, las reminiscencias provincianas de Pérez y Esquivel, la línea constructiva de Torres García o, incluso, hasta el gesto expresionista, aunque por lo general, moderado.
Algo similar ocurre con las esculturas que ostentan resonancias indígenas, a todas luces identificables con sus hachas atadas o sus puntas agudas. Lo cierto es que hay un indefinible «molde» que encasilla casi todas las obras. En suma, nada que sea posible criticar, más que cierto desdén por el arte conceptual y un fuerte apego a la forma. Lo que se advierte en el conjunto, es el temor de los artistas a afrontar el riesgo. Temor que sin duda se extiende a los galeristas, pues el Premio a la Artes Visuales que se exhibe en la feria y otorgó la AAGA, ostenta las mismas limitaciones.
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