30 de julio 2002 - 00:00

Arte en un mundo globalizado, tema de Documenta 2002

XI Documenta de Kassel
XI Documenta de Kassel
La XIº versión de la Documenta de Kassel, la muestra más importante del mundo, sin lugar a dudas, habla de sociedades marginadas y degradaciones. El enorme mérito del curador nigeriano Okwui Enwezor -licenciado en literatura y ciencias políticas en la Universidad de Cornell y curador del Art Institute de Chicago-es haber continuado la calidad de las diez ediciones anteriores (mejorando de lejos la última, de Catherine David, en 1997), con lenguajes contemporáneos y mostrando desde la perspectiva artística «el mundo globalizado de hoy».

Esta versión no pasa como en ocasiones anteriores solamente por el eje Los Angeles -Nueva York-París-Londres-Colonia. Además de esos grandes centros, hay artistas de otras ciudades del mundo. Por suerte, la visión comercial de otras muestras internacionales, donde las galerías y casas de remate tuvieron mucha influencia, en esta oportunidad quedaron fuera de la selección, y de la exhibición.

Fue hace más de cuatro décadas, en 1955, cuando el pintor Arnold Bode y el teórico Werner Haftmann decidieron restablecer definitivamente las relaciones artísticas entre Alemania y el mundo, cortadas por el nazismo en 1933, y fundaron Documenta, una muestra internacional a celebrarse en la ciudad de Kassel, en el Estado de Hessen.

La ciudad de Kassel, de aproximadamente 200 mil habitantes, en el estado federal de Hessen, posee varios museos interesantes como el Castillo Wilhemshöhe, con pinturas de grandes maestros (como Durero, Rubens, Rembrandt), y la Neue Galerie, con arte alemán del los siglos XIX y XX. A partir de 1972, Documenta empezó a transformarse en la meca del arte más avanzado, una cita impostergable. Diseñó estrategias culturales propias, con un único director independiente y sin compromisos con envíos oficiales, ni embajadas o instituciones extranjeras. El autor de aquel despegue fue el curador suizo Harald Szeeman.

Szeeman
no actuó solo en 1972 sino que tuvo una colaboración única y descollante: la del eximio creador alemán Joseph Beuys (1921-1986). Beuys que había intervenido en Documenta III (1964) y IV (1968), ofreció en la quinta edición una obra inesperada: sus debates con el público, en cada uno de los cien días de la muestra, acerca de la democracia directa como único sistema de gobierno, y del arte como único sistema de vida de los ciudadanos.

Los «cien días» de Beuys quedaron para la historia. Pero el gran artista volvió a galvanizar a los espectadores de Documenta VI (1977), con otra obra: discusiones sobre la educación (la Universidad Internacional Libre para la Creatividad y la Investigación Interdisciplinaria); y a los de Documenta VII, con el inicio de la plantación de siete mil robles, que simbolizaban tanto el renacer de Alemania como el de una conciencia ecologista, de la que saldría el Partido de los Verdes.

De algún modo, la XI Documenta retoma el dominio de lo social suscitado por Beuys en 1972 y 1977. La gigantesca muestra fue precedida por las llamadas plataformas (o tribunas), que como explicó su director fueron el resultado de una reflexión sobre los tres períodos de Documenta. El primero correspondiente a los años de Arnold Bode, 1955 a 1968. La segunda etapa, con Harald Szeemann, estuvo caracterizada por su trabajo personal, que la convirtió en una exposición-performance y consumó la reconsideración de los límites de las vanguardias.

Por último, en la actual edición,
Enwezor se propuso inaugurar un tercer período, teniendo en cuenta las diversas interpretaciones de las nuevas condiciones culturales del discurso artístico. Por ello, se planteó un conjunto de articulaciones que no sólo confrontaran la sensibilidad de determinados públicos frente a temáticas específicas, sino que explicaran el núcleo del discurso de la globalización. Convocó un conjunto amplio de interlocutores, que conformaron las mencionadas plataformas: debates sobre la democracia, la cultura y la globalización.

Enwezor
trabajó en dos niveles que denomina como «micro-dominio», los vínculos intensivos de los participantes de, Viena, Berlín (I), Nueva Delhi (II) Sainte-Lucie (III) y Lagos (IV), donde se realizaron mesas redondas sobre temas políticos vinculados a la globalización, durante el año pasado. Con el propósito de crear un foro abierto que reoriente los modos de concebir el trabajo curatorial y lo cuestione en su totalidad.

Finalmente, la quinta plataforma (V), la exposición, recupera todas las preocupaciones planteadas. La «macro-dimensión», es decir la muestra, que utiliza las cuatro tribunas previas como medios para el diagnóstico, en distintos espacios.

El discurso universal de hoy es verdaderamente muy variado. Vivimos un tiempo de gran inestabilidad, en todos los sentidos, por ello
«es necesario desconfiar de toda narración totalizadora», dice Enwezor. El director trabajó junto a un comité de co-curadores integrado por Carlos Basulado (Rosario-Nueva York), Ute Meta Bauer (Viena), Susanne Ghez (Chicago), Sarat Maharaj (Londres), Mark Nash (Londres) y Octavio Zaya (Nueva York).

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