29 de mayo 2006 - 00:00

ArteBA probó que hay mercado para el arte contemporáneo

«Como laspuertas aMariana»,dibujos enmovimientode ManuelEsnoz, unode los variosartistas que,como mostróla feria,abandonaronlos soportestradicionales.
«Como las puertas a Mariana», dibujos en movimiento de Manuel Esnoz, uno de los varios artistas que, como mostró la feria, abandonaron los soportes tradicionales.
El primer balance de arteBA, la feria de galerías porteña, que el miércoles pasado cerró sus puertas luego de las extenuantes jornadas que impone el formato de estas megamuestras, fue, en primer lugar, la excelente calidad de las obras presentadas, y luego, la certeza de que en Argentina existe un mercado para el arte contemporáneo. Las ventas de este año superaron largamente las de las pasadas ediciones, y antes que los grandes maestros,los compradores privilegiaron a los artistas que circulaban por los stands, desde los fundadores del legendario grupo Madí, Gyula Kosice o Arden Quin, hasta los jóvenes que recién inician sus carreras (algunos, como los fotógrafos Jorge Miño o Martín Bonadeo alcanzaron el récord de 17 obras vendidas), pasando por la generación del sesenta, como Marta Minujin, Edgardo Giménez o Rogelio Polesello, entre otros.

Las cifras que ahora mueve el coleccionismo son módicas si se cotejan con las de los pródigos años noventa, cuando Amalia Fortabat, Carlos Pedro Blaquier o Eduardo Costantini pisaban fuerte en la Feria, pero lo positivo del caso es que los compradores se han multiplicado, son más democráticos y estuvieron hasta el cierre trotando por los stands, como Graziella Crivelli, Aníbal Jozami y Gabriel Werthein.

  • Tendencias

  • Por otra parte, y dada la inmensa magnitud de la propuesta (aunque todavía y por suerte, con 67 galerías arteBA no supera la escala humana), la Feria funcionó como un sismógrafo de las tendencias actuales,permitió ver en perspectivacuáles son las que predominan en la producción artística más actual. Para comenzar, algo que si bien no es nuevo se acentúa en el tiempo: la contaminación de todas las disciplinas, más que nada entre pintura, fotografía, objetos, video y performance, que al conjugarse y mezclarse libremente, determinan profundos cambios en la percepción, la producción y circulación de las obras de arte. Esta característica se advertía con claridad en un trabajo, deslumbrante por cierto, del pintor Manuel Esnoz, quien abandonó soportes tradicionales como la tela o el papel, para presentar en una pantalla de TV sus dibujos de una jovencita que camina por las veredas, es decir, en movimiento, «animados», con el atractivo que procura el cinetismo. De este modo, Esnoz entabla nuevas relaciones entre los dibujos originales,realizados con lápicesde colores, y el posterior trabajo cibernético, crea un híbrido donde se desplazan unas imágenes de ensueño y elabora un universo ficcional en el cual los géneros aparecen más renovados que nunca.

    Pablo Siquier también pervierte la tradición, en este caso la del muralismo, le impone una vuelta de tuerca al pegar en una de las paredes del stand un diseño realizado en papel vinílico adhesivo. El mural en cuestión fue destruido cuando se terminó la Feria, dado que lo que se vende es un CD que contiene el dibujo de la obra, para que el comprador lo instale en su casa, lo pegue y despegue o la reproduzca dónde se le ocurra. La vida del fascinante mural blanco y negro de Siquier depende de ese CD que cuesta 20.000 dólares.

    Entretanto, en el bullicioso Barrio Joven de la Feria, Juliana-Iriart exprimía naranjasfrente al público, mientras su galerista vendía por cinco pesos el jugo dentro de un vaso intervenido con dibujos o leyendas de algunos artistas. Pero además de estos proyectos individuales, que llevan el sello del autor, también figuraban en la Feria algunas pocas acciones colectivas, como el proyecto editorial del grupo Vox de Bahía Blanca, o La baulera de Tucumán.

    Uno de los fenómenos más enigmáticos del arte son las iniciativas comunitarias que surgieron en estos últimos años con la configuración rizomática de la globalización, y que hoy se propagan por todo el mundo como un territorio sin fronteras. Se trata de proyecto grupales fundados en el deseo, que poseen un carácter utópico y se expresan con renovada energía.

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