17 de enero 2006 - 00:00

Artista español escandaliza con una obra pornográfica

Barcelona - Bush, la reina de Inglaterra y Chirac aparecen en una imagen en la que aparecen desnudos y entregados al sexo en grupo. Se trata de un montaje, claro. Pero no de uno cualquiera. Esta escena, interpretada por actores cubiertos con máscaras de los citados jefes de Estado, es una de las 75 piezas encargadas por Austria a otros tantos artistas para anunciar su presidencia semestral de la Unión Europea, estrenada el primer día del año en curso.

Dicho tableau pornográfico, en concreto, fue la aportación del español Carlos Aires al programa «Europart», destinado a ocupar 400 vallas publicitarias de Austria, y cuyo propósito era «reflejar los diferentes acontecimientos sociales, históricos y políticos de Europa, y vincular pasado y futuro de una realidad vivida». Cosa, dicho sea de paso, que los 75 hacen con mejorable fortuna; entre todos los trabajos puede uno quedarse con el del italiano Massimo Palazzi: un cartel donde la frase «Welcome your hope» -juego fonético escrito en amenazantes letras góticas- recrea con alguna sutileza los claroscuros de la UE).

Tras suscitar el previsible escándalo, la obra de Aires fue retirada en fechas navideñas, por orden del canciller Schüssel, quien eludió responsabilidades apelando a la libertad de creación. Por su parte, Aires se sacó el asunto de encima opinando que sus imágenes no eran pornográficas, sino «inocentes o irónicas», y añadiendo que rendían homenaje al cineasta Pier Paolo Pasolini.

Lejos de la intención de este artículo cuestionar la libertad del creador, que es intrínseca a su actividad. Ahora bien, sí quisiera llamar la atención sobre el uso que hace de su libertad el artista español. Podríamos decir, por ejemplo, que su propuesta es grosera en términos diplomáticos, penosa en términos estéticos e inexistente en términos creativos. Pero quizás sea más oportuno señalar que estamos ante una obra paradigmáticamente menor en términos de ambición.

Día a día, la ideología crítica gana terreno en el ámbito de la expresión plástica. Lo cual no está, a priori, ni bien ni mal: todo ciudadano, artista o pornógrafo, se rige por unas ideas. Sucede, sin embargo, que, según el compromiso críticogana adeptos y mentores, decae el compromiso profesional de sus practicantes. Algunos de ellos, como Aires en el caso que nos ocupa, parecen creer que con basarse en un discurso paródico primario e infantiloide están ya al cabo de la calle; que la ironía - o lo que él entiende como tal- es una varita mágica cuyo toque legitima cualquier propuesta; y que un homenaje a un creador como Pasolini puede llegar a buen puerto cuando quien lo ejecuta traiciona el rigor que guiaba al homenajeado.

El envidiable grado de libertad del que goza la creación artística en Occidente no debería abocarnos a su banalización. Conviene por ello recordar que la libertad no sirve sólo para denostar el orden establecido. Los creadores son libres también a la hora de esforzarse más allá de la boutade; a la hora de asumir retos que desafíen sus propios límites; y a la hora, en definitiva, de perseguir la excelencia. Son incluso libres para hacer juegos malabares con los incontables referentes de su tradición cultural, alguno de los cuales, por cierto, puede resultar más estimulante que la pornografía, ese ámbito que, al decir de Susan Sontag, no trata del sexo, sino de la muerte.

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