"Terror en Amityville" supera en casi todo al buen film
original de 1979 (que privilegiaba el costado supuestamente
real de la historia), y asusta al espectador, sin
darle tregua.
«Terror en Amityville» (The Amityville Horror, EE.UU., 2005, habl. en inglés). Dir: A. Douglas. Int.: R. Reynolds, M. George, J. James, J. Bennett.
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"¡Agarralos y matalos!". La voz que sale del sótano le va martillando la cabeza al feliz propietario de la antigua casa de los De Feo, a tal punto que apenas un par de semanas después de mudarse a su nuevo hogar ya está cortando a su perro en pedacitos con un hacha.
Lo mejor que tiene la historia de «Terror en Amityville», para quienes no creen en fantasmas, es que parte de una base real. Una mala noche de 1974, Ronald De Feo mató uno por uno a los otros seis miembros de su familia, niños incluidos. Un año después, los jóvenes y felices George y Kathy Lutz no podían creer que el poco dinero con el que contaban para mudarse les alcanzara para una propiedad fabulosa y aristocrática muy por arriba de sus pretensiones.
Una vez entendido que la ganga se debe a que en el lugar ocurrió una tragedia «mucho tiempo atrás», ni piensan en perder semejanter oportunidad inmobiliaria («Lascasas no son malas, la gente es mala»). Lo que sigue es la crónica de los 28 días que los Lutz pasaron en el lugar con sus tres chicos antes de salir corriendo con lo puesto, sin volver jamás a buscar sus pertenencias. Al menos eso dice la leyenda, que es la que examina esta contundente película de terror que congela la sangre desde la primera hasta la última escena.
Eso ya ocurría con el sólido film original de Stuart Rosenberg («Aquívive el horror»), pero esta lo supera en casi todos los aspectos, empezando por el hecho de que la película de 1979 estaba conectada directamente con el ultravendido bestseller de «no ficción» de Jay Anson que narraba la historia real contada por el propio George Lutz. En cambio, esta nueva película no necesita partir de una estética naturalista, ya que después de toda una saga de secuelas (incluyendo una en 3-D dirigida por Richard Fleischer) el asunto se convirtió en una típica franquicia hollywoodense. Igual que la nueva «Masacre de Texas» tambien producida por Michael Bay, la nueva «Amityville» acota el montaje y el ritmo y va al grano apretando las clavijas de un mal asunto que ya era bastante denso originalmente. En este sentido los aportes de la nueva versión incluyen escenas antológicas como una increíble noche con una baby sitter sexy y malísima que recibe su mereceido de la forma más horrible que se pueda imaginar.
Comparando las dos versiones, ésta pierde en sólo dos ítems, que lamentablemente son importantes. Uno es no tener nada parecido a la banda de sonido nominada al Oscar compuesta por Lalo Schifrin, y otro la imposibilidad de reemplazar a un actor brillante como Rod Steiger protagonizando la mejor escena del fiilm de Rosenberg. De todos modos, viendo la película (que jamás le da tregua) el espectador quedará demasiado asustado como para poder analizar alguna de estas cosas.
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