Mario Puzo (en colaboración con Carol Gino) «Los Borgia» (Bs. As., Emecé, 349 págs.)
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Mario Puzo (1920-1999) pasó sus últimos años obsesionado por los Borgia, a los que dedicó 15 años de su vida, siempre temeroso de que su deteriorada salud le impidiera volcar las peripecias del Papa Alejandro VI y de sus escandalosos hijos, César y Lucrecia, en un libro de largo aliento. Para 1999 sólo tenía escrito unos pocos capítulos de la novela, acompañados de varias anotaciones generales. De manera tal que dos semanas antes de morir entregó todo ese material a su esposa y colaboradora Carol Gino para que terminara la interrumpida tarea, con la ayuda del historiador Bertram Fields.
La elección de un clan tan ambicioso como los Borgia -a los que Puzo consideraba «la primera familia criminal de la historia»- no podría haber sido más oportuna para un autor que ingresó a la literatura como el gran mitificador de la mafia.
Puzo sentía fascinación por el Renacimiento Italiano, una época de gran crisis, corrupción y sangrientas luchas de poder entre Iglesia y Estado. Eran años sin ley en una Italia fragmentada y tironeada por clanes rivales que, al igual que la mafia ítalo-americana, alternaban pactos y asesinatos con inusitada frialdad. No es de extrañar, entonces, que alguien que narró las andanzas de «Don Corleone» y su prole como si se tratara de la saga de los Atridas en versión canallesca, intentara reeditarlas en un contexto renacentista.
Al igual que otros altos prelados de la Iglesia, el papa Borgia tuvo muchísimas amantes y una ambición desmedida, pero también fue un buen administrador y político, un entusiasta protector de las ciencias y las artes y, si se quiere, un padre celoso que se preocupó en asegurar el futuro de sus hijos. Y éstos, a su vez -pese a sus asesinatos y a sus deslices incestuosos-respetaron lo mejor que pudieron los valores familiares.
«Nuestra fascinación por la mafia se basa en el hecho de que a todos nos gustaría vivir dentro de una familia que nos resolviera todos los problemas», aventuró el propio Puzo en un reportaje.
Y esto es lo que de alguna manera también sucede en «Los Borgia» a través de una narración dinámica, que sobrevuela los peores excesos de sus protagonistas con un tono amable e imparcial.
La novela entretiene sin ahondar en cuestiones historicistas, pero por otra parte nunca llega a emular la particular atmósfera trágica con que el autor de «El padrino» y «El último don» supo rodear a los héroes sicilianos de sus primeras obras.
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