Atractivo arte joven en espacios abiertos

Espectáculos

La beca de la Fundación Antorchas para estudiar Arte en espacios públicos de EE.UU. y Europa, otorgada a la destacada escultora e investigadora Claudia Aranovich, comienza a dar sus frutos. «Terreno de Arte Experimental» es un proyecto bajo su curaduría aprovechando un terreno de 8 x 22 m con medianeras lindantes al que se entra por el jardín del Museo «Casa de Irurtia». Esto permitirá a artistas argentinos de distintas generaciones -no necesariamente escultores-, experimentar con nuevos medios y concretar nuevas ideas en un espacio especialmente destinado para ello.

Las muestras, bimestrales, darán cabida a proyectos de escultura, objetos, instalaciones que se realicen con variados medios y materiales incluyendo naturales, virtuales y sonoros. En el ciclo inaugural, Edgardo Madanes (1961) despliega un enorme juego de tensiones con sogas que penden de fuertes contrapesos colgados de la pared hacia el terreno donde son contenidos por gigantezcas estacas. Sin la presencia del mimbre, uno de los característicos elementos empleados por el artista, guarda relación en una síntesis más abstractizante con las obras presentadas hacia fines del año pasado en el Centro Cultural Recoleta.

Paula Toto Blake
(1972) de la que recordamos su muestra «Hogar Dulce Hogar'», en la Galería Elsi del Río, en noviembre de 2001, incursiona por primera vez en un espacio abierto. Presenta una instalación en resina epoxi. Formas siniestras a la manera de mandíbulas de animales dentados que se mimetizan en plantas carnívoras que pueden tragárselo todo, acentuadas por el intenso rojo brillante.

Anabela D'Alessandro
(1961), elegida por quien esto escribe para «20 x 20 Propuesta Anual de la Crítica 2001», patrocinada por Galería Praxis, abandona momentáneamente la cera y la piedra de sus sensibles formas para incursionar en el land-art. Una de las obras es el plano de una casa donde los ambientes están diferenciados por las distintas especies vegetales que irán creciendo a lo largo de la muestra, y la otra, una casa en pequeña escala recubierta de césped. Ambas, de carácter dinámico porque la artista cuidará y registrará los cambios que en ellas se produzcan.

Importante iniciativa que insuflará un aire renovador a un museo que exhibe hermosas obras pero que necesitan dialogar con las del presente para abandonar así la idea definitiva del museo enciclopédico e incentivar la receptividad del público. O'Higgins 2390, esquina Blanco Encalada.

•Fátima Bercht
, curadora en jefe de El Museo del Barrio, Nueva York, es la organizadora en colaboración con Brasil Connects de la exposición «El Hilo de la Trama» que se exhibe en el MALBA hasta el 21 de junio. La fragilidad, lo efímero, el paso del tiempo, lo transitorio, la vulnerabilidad del cuerpo, la finitud, la incertidumbre están presentes en las obras de los 21 artistas brasileños seleccionados.

Un montaje excelente permite internarse en una trama sutil y delicada en la que se destacan obras como el fluir de la arena de
Laura Vinchi;, las poéticas fotografías y proyección en DVD en las que Brígida Baltar registra la acción de juntar neblina en frascos de vidrio. Vera Martins propone un grupo de esculturas que rebelan el entramado interno del tejido; los «Sudarios» de Favio Carvalho, fotografía de manchas de sudor en su ropa como testimonios de un momento fugaz. Anna Linneman con un grupo de piedras unidas o suturadas por un frágil hilo de cobre a manera de bordado.

Hay obras enraizadas en tradiciones ancestrales como la de
Eliane Duarte, que utiliza pieles de terneros nacidos muertos o las ofrendas votivas que los católicos dedican a los Santos en el Noroeste del Brasil de Fraim Almeida y también los elocuentes envoltorios blancos que remiten a la estética popular bahiana de Marepe. Un hecho fortuito como perder las sandalias en la arena es el tema de «Revoloteantes» de la artista Monken (Petrópolis), tela, medias, tubos fluorescentes, caucho y granito negro, una conjunción de elementos reducidos a su esencia.

Vicente de Mello
, fotografía los cuerpos envejecidos de sus padres mientras que Miguel Rio Branco que frecuenta con su cámara favelas, prostíbulos, academias de boxeo donde se desarrollan grandes dramas. Hay lugar para la compasión en «Ray Gun» donde un boxeador envuelve el brazo de su contrincante. Hay artistas que ya hemos visto en Bienales como Nazareth Pacheco con sus ominosos trajes realizados en cuentas brillantes y hojas de afeitar o su columpio en acrílico cubierto de alfileres que nos remite a la esencia de la obra de la argentina Silvia Young que cuestionó el tema de la mujer y la seducción. Vik Muniz, famoso por sus fotos realizadas con café derramado, chocolate o azúcar utiliza alambre para dibujar elementos cotidianos. Los fotografía y luego los desecha. Ernesto Neto con una versión en escala mínima, algo deslucida, de la obra presentada en la última Bienal de Venecia en las que se acumulan en grandes telas de lycra especies picantes o pigmentos del Amazonas.

Estos artistas reflejan lo que significa vivir en Brasil, con su inestable situación política, social y económica en la que todo es impredecible, la inminencia de la pérdida está muy cerca y la amenaza es constante, según una cita de
Rivane Neuenchwander y que puede aplicarse también a nuestro país.

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