13 de agosto 2003 - 00:00

Audaz versión de una ópera

Sandra Scorza
Sandra Scorza
«Romeo y Julieta» de Ch. Gounod. Con N. Aufe, S. Scorza, A. Cazes, A. Herrera, T. González, G. Zanhtejer, E. Garella, N. Scarpa, N. Lara, L. Menna, J. Grigera, M. Martínez, M. Blanco, R. Falcone y J. Blanco. Dir. coro: C. Tello. Dir. arte: C. Beraldo. Ilum.: E. Bechara. Vest.: Teatro Colón. Dir. esc.: Boris. Dir. mus.: R. Luvini (Manufactura Papelera.)

L a representación de esta ópera de Gounod es una aventura que declara el amor a la ópera por parte de quienes la emprendieron, sobre todo la decisión de ofrecerla completa, con su Prólogo y cinco actos bien densos. Los amantes de Verona y toda su parentela están vestidos con exquisitos trajes de época, con profusión de bordados en piedras, calzas coloridas, tocados de exquisito diseño y telas nobles, muy bien elegidos de la abundante colección del Teatro Colón. Todo se puede apreciar bien cerca, puesto que en este espacio desaparece la distancia entre el espectador y los artistas, que se mueven con naturalidad y haciendo abstracción del público.

En efecto, en el mismo plano y bien a la vista de todos está instalada una orquesta completa. Se desplaza el coro, los protagonistas cantan sus arias caminando entre los músicos, en decir, apariciones y salidas por lugares imprevistos y una plasticidad de desplazamientos novedosos. Es verdad que la primer escena de la fiesta es un poco caótica, pero no cuesta nada «limpiarla», como se logró en la secuencia del casamiento o la muerte de Mercuccio, auténticamente logradas con recursos teatrales.

La sobriedad en la tumba de Julieta y el intenso dramatismo de la escena final es de una belleza visual incomparable; dos imponentes candelabros son testigos del último desencuentro. Un poco mejor iluminado el espectáculo en general luciría aún más atractivo.

Hay muy pocos elementos escenográficos, el espacio se llena con la música exquisita de Gounod desde una orquesta que adquiere protagonismo y denota una buena disposición para dejar fluir apasionadas melodías, rítmicos valses, sonidos embriagadores que se asocian al canto en un logrado equilibrio. Reconocemos la dificultad de adaptarse a este formato, con los cantantes en la espalda del director, pero no se producen desencuentros.

Afiatado y bien preparado el Coro, que siempre está haciendo algo mientras canta. En los elencos de protagonistas están las mejores voces de la nueva generación de cantantes líricos, todos dando lo mejor de sí y con evidente placer por participar en una de las óperas francesas más bellas de la historia.

En la función inaugural de la docena que se proponen ofrecer, se destacó Sandra Scorza como Julieta por su espléndida y flexible voz, también es una revelación como actriz y es destacable la superación psicológica que supone actuar la única noche de amor desnudos. Ariel Cazes como Fray Lorenzo está conmovedor por el rango profundo de su voz.

Boris es el encargado de la dirección escénica, y puede estar orgulloso, puesto que los aciertos señalados son producto de su imaginación y sus recursos intelectuales. Es una experiencia gratificante participar de este enorme esfuerzo de producción por revivir esta historia de amor inmortal.

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