«El palacio de las flores». Andrés Calamaro. Warner Music
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A Andrés Calamaro algunos lo consideran un genio o, al menos, una de las figuras centrales en la historia de la composición e interpretación de canciones ligadas al pop y al rock argentinos, y otros -con quienes coincidimos- que lo consideran un autor y cantante talentoso, con algunas ideas creativas personales, pero lejos de figuras más emblemáticas como Charly García o Luis Alberto Spinetta.
Lo concreto es que, a esta altura de su vida, habiendo pasado por sus sitiales centrales en grupos como Los Abuelos de la Nada o Los Rodríguez, y por su actual reconversión pública hacia un hombre más «sano» y futuro padre de familia, Calamaro ha logrado el profundo cariño de los argentinos (y también de los españoles, claro). Y desde ese lugar se puede dar todos los lujos, como tocar en cualquier espacio y colmarlo con comodidad, hacer discos abundantes en canciones y en ideas pero sin grandes autocríticas, tocar donde y con quien quiera sin que casi nadie se lo cuestione.
Pero, más allá de esa aureola que se ha ganado, tampoco con este disco alcanza los niveles del mito que se ha generado alrededor suyo. En este caso, Calamaro decidió reunirse con un prócer del rock argentino, como es Litto Nebbia. Con este músico legendariocomo productor, cantante y tecladista, y con una banda integrada por Ariel Minimal en guitarra, Daniel Columbres en batería y Federico Boaglio en bajo -más algunos músicos agregados en algunos temas-, grabó este disco entre diciembre del año pasado y mayo de este año. Aquí hay muchas canciones nuevas, escritas en ese estilo prosaico y personal de Andrés Calamaro más varios títulos de Nebbia, y un par de «covers» («Contigo aprendí» de Manzanero y «Rosemary», que Nebbia escribiera hace muchos años. Lo fanáticos, como siempre contentos. El resto, seguirá mirando con sorpresa la magnitud del fenómeno.
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