6 de junio 2006 - 00:00

Aunque sin Gregory Peck, no defrauda la nueva "Profecía"

Al niño SeamusDavey-Fitzpatrickle toca ser elnuevo poseso enla remake delclásico de terrorde los 70 «Laprofecía».
Al niño Seamus Davey-Fitzpatrick le toca ser el nuevo poseso en la remake del clásico de terror de los 70 «La profecía».
«La profecía» («The Omen», EE.UU., 2006, habl en ingles). Dir.: J. Moore Int.: Liev Schreiber, Julia Stiles, Mia Farrow, David Thewlis, Michael Gambon, Pete Postlethwaite.

No hacía falta llamar a ningun profeta para pensar lo peor de una remake de «La profecía», el clásico de Richard Donner sobre la llegada del Anticristo. Sorprendentemente, la remake es eficaz al punto que algunas de las secuencias más famosas del original asustan más en esta nueva versión. Pero no todo, especialmente en la primera media hora, luce bien, empezando por ver a Liev Schreiber a cargo del mismo personaje que interpretaba Gregory Peck. O el innecesario prólogo vaticano discutiendo el poema profético que anuncia los signos de la llegada del hijo del demonio.

Pero pronto las cosas mejoran, es decir, empeoran seriamente con cada escena, llegando a niveles aterrorizantes. Lo más curioso es que, aun cuando se sepa a la perfección lo que va a ocurrir en la próxima escena por haber visto el film original, el terror vuelve a sacudir con contundencia.

En todo Hollywood no ha de haber nadie tan feliz como David Seltzer, que volvió a cobrar una fortuna para hacer un guión básicamente igual al que filmó Donner 30 años atrás. Los detalles sutiles son lo que hacen la diferencia, con pequeños homenajes como el payaso de la fiesta de cumpleaños de Damien, reemplazado ahora por unos títeres que detienen su actuación para observar el suicidio de la baby sitter del pequeño diablo.

Un momento brillante que describe cómo una escena casi igual a la original puede ser mejorada, es el encuentro del padre con el perro negro que aparece de la nada. En el film anterior, el perro simplemente le gruñía y le mostraba los dientes al dueño de casa. Ahora hay un instante de gruñidos demoníacos, que generan un clima perturbador que se va a acumulando escena tras escena.

Los secundarios están mejor cubiertos en esta película que en la de Donner. David Thewilis tiene la difícil tarea de estar a la altura del fotógrafo conspirativo que interpretaba el gran DavidWarner, y realmente lo logra (en ambas películas este personaje interviene en el momento culminante de violencia gráfica, en una escena que sigue dejando a todo el cine sin aliento). En cambio, dos actores de lujo como Pete Postlethwaite y Michael Gambon mejoran con cada una de sus perturbadas apariciones. El hallazgo es darle a Mia Farrow el personaje de la niñera del pequeño Damien. Woody Allen tenía razón: esta mujer es una arpía del infierno.

Lo único que no hay manerade igualar ni por asomo es la excepcional banda sonora de Jerry Goldsmith. En medio de este cielo e infierno, los mayores sustos son responsabilidad del director John Moore («Detrás de las lineas enemigas») que aplicó todos los recursos del montaje clásico del género para helarle la sangre al espectador como Dios manda.

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