«Diquela el flamenco» (Mira el flamenco). Dir. gral.: B. Cádiz. Int.: B. Cádiz, músicos, cantaores y bailarinas. (Teatro Metropolitan).
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Los espectáculos de flamenco ya son clásicos de la escena porteña. A sus exponentes españoles se suman los artistas argentinos que han asimilado el género y sus códigos recreando con distinta fortuna los diversos «palos» del flamenco, ya sea en formatos de cámara como en presentaciones de mayores ambiciones escénicas. Este último es el caso de Baldomero Cádiz.
El bailaor y cantaor de larga trayectoria en nuestro país nació en 1966 en Las Palmas, Islas Canarias. Además de los shows que lo tuvieron como protagonista, el público argentino lo pudo ver como acompañante de grandes figuras penintasulares como Lola Flores en 1990 y Rocío Jurado en l993. De ahí que su personalidad artística es la consecuencia de un largo tránsito por teatros y colmaos. «Diquela el flamenco» repasó en dos horas los principales «palos» puestos en cuadros en los que participa un importante núcleo de músicos (los notables Héctor Romero, en guitarra flamenca; Geromo Amador en cante; Boy y Lolo Cádiz en cajón, cante, baile y palmas; Andrés Hayes, saxo y flauta; Manuel Santiago, cante y Carlos Tribuzy, bajo, entre otros) y ocho bailarinas que rodean en repetidas oportunidades el baile fuertemente visceral de Cádiz, siempre exponiendo su personal manera de ver el arte gitano con sus códigos explícitos y sus necesidades expresivas de típico sabor étnico.
Desde las «Seguirillas» que animan el cuadro titulado «Desde la fragua» hasla «Fiesta flamenca» con final por bulerías, cantantes, bailarinas e instrumentistas animan con talento una decena de cuadros que redondean un amplio fresco de la cultura flamenca.
Alegrías, fandangos, sevillanas, soleares y tangos flamencos entre otras especies componen el «corpus» de « Diquela el flamenco», que tuvo su mejor momento en el cuadro «Homenaje» donde un grupo de amigos se reúne en una taberna flamenca, dando lugar a una confrontación en la que se aprecian las condiciones vocales, rítmicas y dancísticas de un grupo de hombres en «palo seco» (es decir sin acompañamiento musical). En esta escena coral sobresale el mismo Baldomero con su voz de entonación arenosa y sus movimientos sensuales.
A pesar de su sonido demasiado estridente, el show tuvo una buena estética y excelencia musical.
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