11 de noviembre 2003 - 00:00

Ballet "a tres puntas": sólo una fue acertada

«A tres puntas». Ballet Estable del Teatro Colón. Dir.: M. García. Programa: «La casa de Bernarda Alba» (F. Martin-J. López); «Flumina» (G.Fauré-O. Araiz) y «Symphony in C» (G. Bizet-G. Balanchine). Teatro Colón. Nuevas funciones: 8, l5, 22, 29 y 30 de noviembre.

Con la denominación de «A tres puntas», el Ballet Estable del Teatro Colón presentó un nuevo programa constituido por las reposiciones de «La casa de Bernarda Alba», de Julio López sobre música de Frank Martin y de «Symphony in C», de George Balanchine con música de Georges Bizet junto al estreno de «Flumina», un ballet de Oscar Araiz para la partitura del «Réquiem», Op. 48, de Gabriel Fauré.

La compañía del Colón se lució ampliamente en «Symphony in C», una obra maestra de la danza neoclásica que Balanchine imaginó a partir de la Sinfonía en Do de Bizet. La plenitud técnica y el estilo elegante que la obra exige tuvieron en los bailarines y principales figuras del Ballet Estable a consecuentes expositores. El entramado, rico en figuraciones de lenguaje académico, fue revelado como una fina urdimbre de marcadas simetrías y desbordante imaginación constructiva para cada uno de los movimientos, con disímiles dinámicas.

Ballet musical por excelencia tuvo en Karina Olmedo, Gabriela Alberti, Adriana Alventosa, Silvina Perillo, Alejandro Parente, Dalmiro Artesiano, Vagram Ambartsoumian y Omar Urraspuro a una auténtica constelación de estrellas de nuestro ballet. También el cuerpo de baile manifestó un desempeño muy armónico y equilibrado. La reposición de «La casa de Bernarda Alba» resultó menos feliz. Con su lenguaje de fuerte expresionismo, López adapta muy libremente la pieza de García Lorca para un desarrollo algo confuso y poco atractivo, exceptuando el «pas de deux» central excelentemente bailado por Maricel De Mitra y Dalmiro Artesiano.

Aún así, a la obra le pesan los años ya que fue estrenada en la década del ´80. Lamentablemente, vino a reemplazar la antes anunciada creación de Rodrigo Pederneiras en lo que constituiría su primera contribución como coreógrafo invitado del Ballet del Colón. En cuanto a «Flumina», el ballet de Oscar Araiz que se estrena, se elaboró a partir de las siete partes del «Réquiem» de Fauré. Aquí, el espectador puede entregarse dócilmente a la serena belleza de esta Misa para difuntos del compositor francés, en la muy cuidadosa versión musical de Pedro Ignacio Calderón al frente de la Filarmónica de Buenos Aires y el Vocal Meridión (dirección Fernando Moruja) con los solistas Víctor Torres y Mónica Philibert. Pero la planificación coreográfica resultó superficial y poco significativa y no agregó nada a la profunda espiritualidad de la partitura de Fauré, sin alcanzar nunca ni su altura estética ni su patética belleza sonora.

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