31 de julio 2002 - 00:00
Barenboim siguió con su Beethoven de lujo
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Daniel Barenboim acaba de concretar la odisea de cualquier director de orquesta, una «integral» de las óperas de Richard Wagner que fue seguida con interés en todo el mundo; ahora, en Buenos Aires, está cumpliendo otra como pianista, interpretar la «integral» de las 32 Sonatas para piano de Beethoven, un testimonio de su evolución que es también la de su tiempo, incluyendo el paso del clasicismo al romanticismo.
Barenboim se propone ejecutarlas en ocho veladas, y no las dispuso en orden cronológico, atento a que por obvias razones económicas, o de falta de tiempo, no son muchos los argentinos que pueden asistir a todas. De manera que distribuye, en cada presentación, sonatas clásicas, del período intermedio y de la producción de madurez; así a la evolución que a la que se aludía en el primer párrafo se puede asistir en una noche.
Barenboim se abstuvo, por el resto de la noche, de hacer la necesaria y natural pausa entre movimientos, es decir, los «pegó» y esto causó un efecto balsámico. Gracias a esta decisión se pudo disfrutar de una inolvidable versión de «La Tempestad», donde contrastan los sonidos sinfónicos con pasajes íntimos de suaves matices, las manos cruzadas y la notable precisión que emociona más que sorprende.
Beethoven mismo tituló a su Sonata N° 26 «Los adioses», que Barenboim tocó como un poema en perfecta unidad y de elevadísimo espíritu romántico, que sufre las despedidas y disfruta de los regresos. Como este retorno al recital de primer nivel mundial que enriquece esta anémica temporada.


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