14 de febrero 2002 - 00:00

Beatriz Catani continúa jugando con los límites

(14/02/2002) «Ojos de ciervo rumanos». Dramaturgia y dir.: B. Catani. Int.: B. Arrese Igor, R. González y P. Ituriza. Esc.: B. Catani, A. Schvartzman. Ilum.: G. Córdova. Mús.: C. Baliero. (Teatro del Pueblo).

El teatro de Beatriz Catani -actriz, dramaturga y directora platense de notoria trayectoria en el circuito «under» porteño- podría definirse como una apasionada lucha contra las convenciones de la ficción dramática, destinada a producir un hecho vivo en escena. La directora asume el desafío de incorporar lo real a lo teatral tomando como punto de partida el cuerpo de sus actores, a quienes exige una entrega incondicional que suele incluir la exhibición de diversas funciones fisiológicas, tal como sucedía en «Cuerpos Abanderados» (sic), una de sus piezas más celebradas (estrenada en el Centro Cultural Ricardo Rojas y luego invitada al Festival de Viena).

En dicha pieza una de las actrices orinaba frente al público, mientras otra arrojaba bocanadas de humo a un par de ratas vivas. Es un teatro que moviliza todos los sentidos y que busca sensibilizar al espectador suspendiendo en primer lugar su juicio crítico y su capacidad lógica para luego hacerlo ingresar a un mundo donde la realidad ha sido desplazada por el mito. Esto es precisamente lo que sucede en «Ojos de ciervo rumanos» (una coproducción del Complejo Teatral de Buenos Aires y del Theaterformen de Hannover, Alemania) que reelabora muy libremente varios mitos griegos, entre ellos, los relativos al nacimiento de Dionisos y al rapto de Perséfone.

La historia de Dacia, una joven que añora a su madre rumana, muerta en circunstancias misteriosas, tiene un halo de tragedia ya que la atormentada protagonista no logra encontrar respuesta a la pregunta sobre su origen. Su padre (Ricardo González) es fruticultor y en su delirio injerta y entierra a Dacia como si se tratara de un retoño más de su huerta.

Obsesionado por ejercer y suplir el papel materno, intenta amamantar a su hija con el jugo de una naranja. Por otra parte, la llegada de Benya (Blas Arrese Igor) que juega con Dacia el papel de hermano-hijo-amante sólo contribuye a que los papeles se entremezclen y se confundan, poniendo aún más en evidencia la ausencia de la madre.

«Ojos de ciervo rumanos»
es una obra perturbadora y provocativa, que incorpora el humor, la crueldad y un discurso de aliento poético que alterna con el absurdo. El desamparo de sus personajes logra conmover, aunque muchas de sus conductas los hagan aparecer como «freaks».

La talentosa actriz Paula Ituriza (la misma de «Cachetazo de campo») realiza aquí una sacrificada labor física que seguramente despertará polémicas, ya que además de exponer su cuerpo a todo tipo de manipulación, debe soportar que uno de los actores llene su ojo con tierra y con jugo de naranja. Lo que sí resulta discutible es si este tipo de prácticas -más allá de su eficacia dramática-degradan o valorizan la integridad del actor.

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