11 de junio 2004 - 00:00
Beckett con magnífica puesta y actriz ideal
-
Entre pocos estrenos y muchas miradas, el cine argentino se reinventa
-
Hollywood contra la venta de Paramount y Warner Bros: Robert De Niro, Sofia Coppola y más suman su rechazo
Marilú Marini es la oficiante perfecta de «Los días felices», ahora «en argentino», pero con la misma estupenda puesta de la versión en francés que se vio el año pasado.
En cuanto a recursos de actuación, Marilú Marini es una especie de mujer orquesta, aborda todos los registros imaginables de la tragedia al humor. Su personaje pasa de la nostalgia y la amorosa devoción por su marido a la furia y al desprecio más irritantes. En una escena muy divertida, la actriz se sirve de sus manos para animar a una pareja bastante grosera, que viéndola allí enterrada se pregunta con desprecio qué significa eso. La burla, obviamente,va dirigida al público y a todos aquellos que siempre buscan una explicación racional a riesgo de descubrir símbolos donde no los hay.
El único punto flojo de la puesta es el personaje de Willie, el fantasmal marido al que Winnie se aferra para no quedarse sola con sus palabras. La presencia de Marc Toupence, un joven actor francés con cuerpo de Adonis (cuando se desnuda), resulta algo anodina y cuesta relacionarla con el universo de Winnie, si bien sus apariciones le dan un inquietante matiz onírico a la obra, reforzado por el exquisito diseño sonoro de Xavier Jacquot.
El equipo técnico francés (escenografía, vestuario, utilería y luces) ha montado en el escenario un desierto muy peculiar, cuya atmósfera adquiere por momentos el vacío amenazante de los cuadros hiperrealistas. Con semejante nivel de calidad en todos sus rubros, «Los días felices» es una de las propuestas más valiosas de la presente temporada teatral.



Dejá tu comentario